lunes, 14 de noviembre de 2022

Este podría ser el gran musical del año

   EXTRA!

Decía el grandísimo escritor Arthur Conan Doyle que la mediocridad no sabe reconocer nada superior a sí misma, pero que el talento reconoce al instante el genio. Si Gene Kelly, Donald O'Connor y Debbie Reynolds hubiesen tenido la oportunidad de disfrutar desde el patio de butacas del estreno de 'Cantando bajo la lluvia', al que asistimos hace unos días en el Teatro Nuevo Apolo, es indudable que se habrían puesto en pie, como hicimos todos los que disfrutamos de tal prodigio musical. Lo harían, probablemente, con la emoción contenida de quienes hubiesen comprobado que 70 años después de su estreno, el que muchos siguen considerando el mejor musical de la historia del cine, creado por Gene Kelly y Stanley Donen, sigue causando furor.

La dirección de Ángel Llàcer y de Manu Guix ya es un seguro de calidad, después de ver lo que lograron la Gran Vía con 'La jaula de las locas', a la que pocos peros se le podían poner. La historia vuelve a ser la misma porque la trayectoria de ambos en el mundo del espectáculo es tan inmensa que han entendido bien cómo se concibe un montaje que se sostiene con fuerza gracias a un engranaje perfecto que cuenta con un punto de partida elevadísimo – la historia y música original – pero que sobre las tablas se eleva todavía más gracias a unas actuaciones soberbias, una escenografía que nos traslada a la época dorada del cine musical y unas coreografías impresionantes tras las que se encuentra el trabajo de Myriam Benedited.

Madrid está de suerte esta temporada, con grandes montajes de los que el espectador saldrá con un gran sabor de boca, como 'Matilda', 'La historia interminable' o 'Charlie y la Fábrica de Chocolate', así como el regreso de grandes voces como Daniel Diges en 'tick, tick... Boom!' o Nina y Gerónimo Rauch en 'Los puentes de Madison', pero lo que consigue el equipo de 'Cantando bajo la lluvia' es un auténtico milagro, porque el reloj deja de existir de la misma forma que las angustias del público se quedan en las puertas del teatro, como cuando acudíamos al cine con nuestros padres siendo niños o junto al primer amor con el que, en aquel entonces, nos imaginábamos compartiendo la vida entera. Es esa misma sensación, la de unos latidos acelerándose y una sensación bien clara de  felicidad, lo que Llàcer y Guix provocan con esta producción que ya puso en pie al público de Barcelona.

Concebido como un homenaje al musical clásico, con una puesta en escena que nos hace viajar al Hollywood de los años 20, la temporada de 'Cantando bajo la lluvia' en Madrid es una oportunidad histórica para los amantes del género, sobre todo ahora que se acercan las fiestas navideñas y apetece compartir momentos inolvidables al lado de quienes más queremos.

Estarán hasta febrero del 2023 sobre las tablas del Nuevo Apolo, en la plaza Tirso de Molina, donde las estrellas del cine mudo Don Lockwood y Lina Lamont harán soñar al público con la historia del cine y la de unos personajes entre los que el amigo de la infancia de Lockwood, Cosmo Brown, y la desconocida Kathy Shelden, son una parte clave de un cuadrado interpretativo sobresaliente en el que el humor y los espectaculares números de bailes se suceden de manera constante.

25 actores y bailarines, una orquesta de nueve músicos en directo y una escenografía de grandes dimensiones tienen mucho que ver en el resultado que lideran Miguel Ángel Belotto, Diana Roig, Ricky Mata y una exquisita Mireia Portas, que se lleva una de las grandes ovaciones del montaje gracias a su portentosa vis cómica. El número principal, con lluvia en directo incluida, desencadena una gran emoción en el patio de butacas gracias a su ejecución perfecta. Una comedia romántica encantadora, llena de humor, con una trama que causa la carcajada constante. Estamos, sin duda, ante el que podría ser el gran musical del año en Madrid.

jueves, 10 de noviembre de 2022

LUSH SPA: un oasis en el corazón de Madrid

  EXTRA!

Parece un milagro. Pasear por el centro de Madrid resulta cada vez más agobiante, entre obras urbanísticas que se repiten una y otra vez, colas interminables para conseguir un décimo de Lotería de Navidad y la multitud que ya forma parte del paisaje habitual de calles como Preciados o Gran Vía. Y, sin embargo, a pocos metros se encuentra un espacio en el que es posible alcanzar un estado de paz y quietud inaudito.

Hablar de LUSH es hacerlo de una marca de cosmética fresca, vegana y hecha a mano que ya nos enamoró hace años por su carácter activista, involucrándose constantemente en cuestiones sociales y ambientales al mismo tiempo que apoyan a asociaciones que luchan por la protección de los derechos humanos, la defensa de los animales y la causa medioambiental.

Más allá del placer sensorial que nos producen sus productos, lo que algunos no saben es que la marca cuenta con un refugio inspirado en la campiña inglesa en el que es posible cuidar nuestro espíritu a través de viajes en los que se involucran los cinco sentidos. El canto de los pájaros, la música tradicional inglesa y la calma de las cocinas de las casas de campo son algunas de las influencias de un oasis en el corazón de la ciudad en el que el tiempo se detiene, las pulsaciones se ralentizan y las manos de los profesionales nos ayudan a relajarnos, recargar energía y recordar nuestro entusiasmo por la vida.

Hace algunas semanas tuvimos la oportunidad de probar 'The Good Hour', uno de los tratamientos estrella de LUSH SPA, en el que las melodías marineras acompañan a unas manos firmes que calman las tempestades que azotan nuestros músculos. El viaje comienza con una introducción impartida por un profesional de la marca que nos cuenta la historia del tratamiento y nos anima a elegir entre varias barritas de masaje. Nuestra elección determinará un detalle con el que volveremos a casa.

Más tarde, en una habitación en la que tendremos el tiempo necesario para acomodarnos, recibiremos un masaje diferente, en el que nos estiraremos, refrescaremos y emergeremos del mismísimo océano. Durante 70 minutos experimentaremos un masaje personalizado, estimulante y terapéutico en el que se pondrá el foco en nuestras zonas de tensión al mismo tiempo que se nos provoca una relajación profunda.

Los olores y sonidos del mar nos acompañarán durante todo el trayecto, con una selección musical compuesta especialmente para la ocasión. Según la intensidad de los temas va creciendo, el masaje se va volviendo más intenso en lo que podríamos definir como una perfecta coreografía sobre nuestra piel que culmina con un masaje de espalda al son de la pegadiza canción del capitán Pugwash. Con un coste de 110 euros, lo cierto es que estamos ante una experiencia inolvidable que nos sirve de carta de presentación de las propuestas del SPA más original, divertido y especial de la ciudad.