viernes, 1 de marzo de 2013

'Kooza': circo y magia en estado puro

EXTRA! 

Un joven inocente en una plaza cualquiera de un barrio cualquiera pasa el tiempo tranquilamente intentando volar su cometa cuando un apresurado cartero deja allí un abultado paquete que resulta contener una misteriosa caja. Nuestro jovencito, después de mucho vacilar, se decide y abre la caja. Entonces empieza la magia. La magia del circo.

Así comienza 'Kooza', el espectáculo de Cirque du Soleil que, tras siete años de gira por Estados Unidos y Japón, aterrizó en Europa el pasado enero en el Royal Albert Hall de Londres y llega este viernes 1 de marzo a Madrid, donde podremos disfrutarla hasta el 5 de mayo antes de que marche a tierras bilbaínas, de donde se despedirá el 16 de junio rumbo a Bélgica.

Con su Grand Chapiteauesa carpa que ha conseguido que su sola mención signifique hablar de arte circense de calidad - instalada en el escenario de Puerta del Ángel, 'Kooza' cuenta la historia de Innocent, un joven que a través de la magia del burlón genio Trickster es transportado a un mundo de fantasía que Innocent descubrirá con asombro y fascinación número a número. Pero cuando éste toma la varita de Trickster, ese universo se convierte en algo mucho más sombrío que, como todo lo que se ve desde las butacas, es un reflejo de aquello que se esconde en el alma casi por estrenar de nuestro imberbe protagonista.

David Shiner, que ya trabajó para el circo quebequés como payaso en los tiempos de 'Nouvelle Experiénce', el cuarto espectáculo de la compañía allá por los primeros años noventa-, retoma en 'Kooza' la esencia del circo: conseguir que el espectador se sobrecoja y se agarre al asiento ante prodigios sobrehumanos. Y para ello se apoya en dos grandes pilares del circo clásico: las acrobacias y los payasos.


Las primeras ideas surgen, una vez más, de la mente prodigiosa de André Simard, un veterano del Cirque du Soleil que lleva más de 25 años arrancando exclamaciones de admiración de la audiencia por todo el mundo. Y aquí no iba a ser menos. Desde los clásicos números de charivari y báscula, con sus piruetas, saltos o trampolines imposibles o los más impresionantes de trapecio – es imposible no contener la respiración cuando la acróbata deja caer su cuerpo al vacío y parece que fuera a quebrarse - hasta auténticos prodigios en el aire como el del acróbata Yao Deng Bo, que permanece en un inestable equilibro sobre una torre de ocho sillas, a una friolera de 7 metros de altura.

A pesar de todo, el plato fuerte es, sin duda, la conocida como rueda de la muerte: dos enormes ruedas unidas por un andamiaje metálico que son movidas exclusivamente con la fuerza de un par de acróbatas, sin protección de ningún tipo, que mientras hacen girar los 725 kilos de hierro practican las acrobacias más atrevidas. Una rueda de la muerte cuya ausencia en Londres, donde se produjo el estreno de la gira europea, supuso más de una decepción para la crítica británica. Más de un grito ahogado en el público ante el más ligero resbalón de los artistas atestigua que es un número indispensable. No apto para cardíacos, eso sí.

Pero no todo son piruetas mortales. 'Kooza' también tiene sitio para el otro gran clásico del circo: los payasos. El rey y sus dos bufones son los maestros de ceremonias del humor bajo la carpa, acompañados por un carterista guasón y un enorme perro de traviesas intenciones. Risas de las que se arrancan sin palabras, con determinado contonear de las caderas, con expresiones que lo dicen todo, con esas caras maquilladas que avecinan burlonas consecuencias. No en vano, el trabajo de Shiner en el mundo del circo ha sido como payaso y nadie mejor que él sabe que la risa es el necesario contrapunto de la tensión de los funambulistas.

Este circo clásico que nos redescubre Cirque du Soleil, sencillo pero directo y eficaz, se aleja de la escenografía psicodélica que aparece en el imaginario colectivo cuando alguien habla de la compañía. 'Kooza' regresa al circo más circo que nunca: una carpa y un mundo de luz y color, con magos, varitas, reyes, brujas y princesas. Con bailarines y espadachines ataviados para el más fastuoso de los carnavales. 


Burlesque en estado puro. Una delicia para todos los sentidos, no sólo para la vista. Porque la música es, como siempre ha sido para el Cirque du Soleil, un elemento indispensable. Una orquesta con todo lujo de detalles y unas potentes voces femeninas que desde un palacio al fondo de la pista nos conducen por el mágico mundo que nace de la imaginación de Innocent.

En definitiva, y aunque muchos han añorado el exotismo al que nos tiene acostumbrados el ya universal circo canadiense, 'Kooza' nos devuelve a la esencia del circo con el que Guy Laliberté y Gilles Ste-Croix empezaron esta andadura hace ya más de 30 años. Un circo que con tan sólo una carpa, una troupe dispuesta a superar los límites físicos del ser humano y unos payasos de dudosas pero tronchantes intenciones quiere hacernos regresar al miedo y el asombro visceral de los que, como Innocent, se introducen como niños en lo desconocido para salir del Grand Chapiteau fascinados y soñando con los interminables mundos de nuestra imaginación.


1 comentario:

  1. Ha sido genial haber podido asistir a ver el Cirque du Soleil. Los Reyes Magos de 2013 nos dejaron las invitaciones. Gracias a todos los componentes por este maravilloso espectáculo, es un ejemplo de trabajo, esfuerzo y superacion para todos. Mucha suerte siempre y volved pronto a Madrid.

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