viernes, 24 de mayo de 2013

Bellísima partitura en una 'Pepita Jiménez' irregular

EXTRA!

Basada en la novela escrita por Juan Valera en 1874, la ópera 'Pepita Jiménez' era una de las producciones más ambiciosas de la actual temporada en los Teatros del Canal. La dirección de Calixto Bieito y la composición de Isaac Albéniz, junto a la novela original de Valera, hacían que el público esperase una producción soberbia en la Sala Roja de los mencionados teatros.

Coproducción de los Teatros del Canal y el Teatro Argentino de La Plata, el montaje, dividido en dos actos cantados en inglés, cuenta con la soprano hispanoalemana Nicola Beller y el tenor Gustavo Peña como protagonistas, con unas voces exquisitas que bien podrían formar parte de cualquier ópera representada en el maravilloso Teatro Real.

La trama de 'Pepita Jiménez' se centra en la lucha interna del seminarista Don Luis de Vargas cuando se enamora de la joven Pepita Jiménez, prometida de su padre, Don Diego. La Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (Orcam) se encarga de que el público disfrute de una bellísima partitura con referencias andaluzas que, sin duda, supone el mayor gozo de un montaje que no convence en su puesta en escena.

El espectáculo integra en el escenario una imponente construcción de nueve metros constituida por 28 armarios que, tratando de ofrecer una metáfora de los secretos y la opresión, acaba convirtiéndose en un elemento innecesario cuya presencia resulta aparatosa y mareante para el público, cuya atención ya se divide entre la acción que se desarrolla en las tablas y los sobretítulos en español, situados en una pantalla demasiado elevada para disfrutar desde las primeras filas del patio de butacas.

Calixto Bieito enfrenta libertad y represión haciendo uso de un simbolismo que se comprende pero no se traza con acierto, cayendo en la reiteración conceptual y en la entrega de momentos gratuitos que van del desnudo a la provocación, con una protagonista que no duda a la hora de beberse el vino del sacerdote y el recurso innecesario de la sangre en varias escenas del montaje.

El libreto en inglés, de Francis Money-Coutts, culmina en un final diferente al texto original, más poético y mucho menos sombrío que el resto del montaje, que remite a los claroscuros de la posguerra española. Deliciosa melodía para la adaptación operística de un clásico al que le falla la escenografía. 

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