martes, 24 de septiembre de 2013

El poder de una imagen demoledora

EXTRA!

Lo difícil en esta exposición es no salir herido. La sala Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge hasta el domingo 13 de octubre (de lunes a domingos de 11.00 a 21.00 h.; 3 euros la entrada, gratis con Carné Joven) más de un centenar de imágenes que reúnen el mejor fotoperiodismo del mundo, algo de lo que presume el mayor concurso anual de fotografía de prensa, el World Press Photo. Por cuarto año consecutivo, las obras seleccionadas en el prestigioso concurso pasan por la capital española.

La miseria de Siria, la desesperación de Gaza y la elegancia de los Juegos Olímpicos de Londres comparten espacio en una muestra en la que el espectador se puede acercar a los hechos más impactantes del pasado 2012. Cada fotografía se acompaña de una oportuna explicación con la que el público puede acercarse tanto al contexto de la imagen como a la historia personal que esconde la imagen fija. Para los que tengan mejor nivel de inglés que la alcaldesa, la muestra se complementa con una aplicación de smartphone que sirve de clásica audioguía.

La fotografía ganadora de la última edición, del reportero sueco Paul Hansen, golpea con dureza al espectador desde que atraviesa la gran cámara Canon que da la bienvenida a la muestra. Dos niños muertos tras un bombardeo israelí, con el rostro descubierto, llevados en brazos por sus tíos hasta la mezquita donde se celebrará el funeral. Algunos pasan de largo. Otros se quedan en silencio durante minutos con gesto de horror e incomprensión. Por suerte, los impactos constantes de muertes, desgracias y sangre que llegan a través de la televisión y redes sociales no nos han anestesiado y seguimos sufriendo ante el dolor ajeno.


Se siente la angustia de la madre que pide a un dios más esquivo que nunca que le devuelva al hijo que le han matado; se recuerda la vulnerabilidad de la vida ante el reflejo del cuerpo del anciano que no reconoce a la mujer que le ayuda en la batalla perdida contra un alzheimer galopante;  se respira con dificultad ante el vestido raído de la mujer nigeriana que llegó engañada a Roma hasta convertirse en una puta más de las afueras, presa de la lacra de la trata de personas.

La crudeza nos da un respiro a ratos, cuando llegan los retratos, la belleza animal y el deporte. Oxígeno necesario, desde luego, en una vuelta al mundo llevada a cabo en una exposición en la que lo extraño es no bajar la mirada a cada paso. Un importante reconocimiento a los profesionales de todo el mundo que, con su trabajo, nos acercan la realidad más pura, sin filtros, conformando una memoria colectiva que debe ser visible. No hay que perdérsela. 

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