lunes, 7 de octubre de 2013

El maravilloso diván de Les Luthiers

EXTRA!

El espectáculo de humor no escasea en la escena madrileña. Basta repasar la cartelera actual en cualquier guía cultural para darse cuenta de la oferta de la que el apasionado del teatro cómico dispone, al margen de las constantes noticias depresivas y la rutina agotadora.

Las diferencias entre lo que ofrece el quinteto argentino Les Luthiers y muchas de estas producciones, sin embargo, no son pocas. Una trayectoria de 45 años y un currículo de 33 producciones parecen cifras contundentes a las que pocos pueden plantar cara. Esta vez, el Palacio Municipal de Congresos de Madrid acoge, hasta el 21 de octubre, 'Lutherapia', el último espectáculo de una compañía que se ha ganado a pulso el título de leyenda escénica contemporánea. La capital es amante habitual de los argentinos, por donde ya han pasado 18 veces con sus hilarantes montajes.  

El marco de 'Lutherapia' lo componen diez números que giran en torno a una sesión psicoanalítica entre el psicólogo Murena (Marcos Mundstock) y su paciente Ramírez (Daniel Rabinovich), preocupado ante un encargo sobre el músico Johann Sebastián Mastropiero al que no sabe cómo enfrentarse. A partir de esta propuesta se desencadenan diversas situaciones que responden al planteamiento clásico de Les Luthiers: una introducción en forma de diálogo que deriva en un número musical con instrumentos sorprendentes en el que es difícil no retorcerse de risa en la butaca.

Memorable la cumbia epistemológica titulada 'Dilema de amor' en la que los cinco integrantes fusionan el humor, la música y la filosofía, número que se sitúa incluso por encima del alto nivel que mantiene el resto del montaje. Destacable, igualmente, el vals geriátrico 'Pasión Bucólica' en la que Jorge Maronna y Carlos Núñez se meten en la piel de dos ancianas entrañables. Y qué decir del cierre, con un número clásico de Les Luthiers ovacionado por los seguidores más fieles desde que se anuncia por sorpresa. 'Lutherapia' es un espectáculo redondo que se disfruta de principio a fin.

A pesar de que el coste de la entrada es superior a otros montajes cómicos de la cartelera, el esfuerzo merece la pena con creces. Las caras de felicidad con las que aplaude en pie el público, tras casi dos horas de espectáculo, denotan la apreciación por parte de todos los presentes de un trabajo de calidad maestra en la que los juegos de palabras sorprenden por su virtuosismo y los números musicales por su ingenio sin reposo. Una delicia.

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