jueves, 19 de diciembre de 2013

Humor negro de la negra España

EXTRA!

Con motivo del 50 aniversario de su estreno, la producción 'El Cianuro, ¿sólo o con leche?' vuelve a Madrid, dirigida en esta ocasión por el mismo autor de la obra, Juan José Alonso Millán, uno de los creadores más prolíficos del teatro español.

El montaje se sitúa en una fría noche de invierno en un caserón de Badajoz, donde Adela y Laura, madre inválida e infeliz hija soltera respectivamente, se sienten cansadas de escuchar los gritos agonizantes del abuelo. También nos encontramos con Justina, una sobrina retrasada que lee a Kafka y cuyo único sueño es escapar con su marido Llermo, al que no madre e hija no le dejan ver bajo la excusa de que es estéril. 

A este esperpéntico cuadro familiar se unen el primo Enrique y su prometida Marta, que llegan con una sospechosa maleta. De fondo, las entrometidas Socorro y Veneranda, el 'perspicaz' detective Marcial y el trágico Sátiro de Extremadura, que acude a asustar a las jóvenes solteras cuando cae la noche.

Un obra coral que cuenta con un elenco de 11 actores en la que cada personaje modifica el prototipo que le ha tocado desempeñar. El autor realiza una arriesgada y lograda simbiosis entre las tradiciones de la España profunda de los años 20 y las novelas detectivescas de autores como Agatha Christie o Arthur Conan Doyle. Pero Badajoz no es ni Inglaterra ni Estados Unidos, y todo queda velado por un ácido y corrosivo humor negro.


Resulta inaudito que la producción se llegase a estrenar en los años 60 por la mordacidad de sus diálogos, en los que apenas aparecen las pulsiones sexuales explícitamente, pero implícitas a lo largo de casi cada escena. Muy correctas las interpretaciones de todos los personajes, destacando especialmente la de Justina, encarnada por Elisa Lledo, que ya sólo con sus gestos y modo de caminar provoca enormes carcajadas y ternura. 

El vestuario y la escenografía, a cargo de Marian Beigbeder, Lola Rua y Marta Gomez Baeza, resaltan por su gusto y simplicidad, trasladando completamente al público a la época en la que sucede la trama.

La vuelta de un clásico del humor esperpéntico español que aún puede disfrutarse en el Teatro La Strada Gran Vía con la dirección del propio autor, lo que supone un acierto que permite al público disfrutar de sus matices a través de la misma mirada con la que fueron creados.

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