sábado, 21 de diciembre de 2013

Un cariño conmovedor

EXTRA!

Resulta un tanto complicado que una película asiática, con un título que deja totalmente al descubierto la línea que va a seguir, llame la atención entre la gran oferta cinematográfica que se presenta estos días. Eso mismo es lo que ocurre con 'Una vida sencilla', el último trabajo de la veterana directora hongkonesa Ann Hui.

 

Ah Tao (Deanie Ip) ha dedicado toda su vida al servicio de una familia acomodada a la que pertenece Roger (Andy Lau), un productor de cine soltero de mediana edad. Ambos viven juntos en un pequeño apartamento, pero la vida pasa y la anciana decide jubilarse y no crear más molestias. Por ello, y sin familiares que puedan hacerse cargo de ella, insiste en ingresar en un geriátrico. Roger comprende la decisión y, a pesar de tener un trabajo al que debe dedicar la mayor parte de su tiempo, intenta cuidar de ella como si de su propia madre se tratase.

 

Aunque resulta totalmente previsible, la trama no deja de ser humilde, conmovedora y, ante todo, natural, ya que está basada en la vida de Roger Lee, uno de los productores y co-guionistas del largometraje. Con un argumento humano, despierta la ternura del espectador que inevitablemente se rinde ante la relación de ambos personajes. A nuestros ojos puede resultar distante y sobria en ocasiones, pero no debemos olvidar que estamos ante una cultura que muestra el afecto a través del respeto y no de las muestras de cariño más evidentes.

 

El desarrollo de esta conexión es la belleza esencial que despliega la película, con una interpretación sublime por parte de ambos actores, quienes han compartido trabajo en muchas otras ocasiones, sobre todo en series de televisión. Esa química es la que hace que una historia tan sencilla se convierta en una excelente referencia del cine asiático.

 

Dianie Ip retrata con absoluta maestría el papel de la sirvienta, con gestos y expresiones faciales verdaderamente entrañables con los que el espectador no puede evitar recordar a sus propios abuelos. Con una sonrisa tierna y aniñada, crea un haz de luz alrededor del personaje de Ah Tao, por el que ha recibido diversos premios, entre ellos, el de Mejor Actriz en el Festival de Venecia de 2011. Por el contrario, Andy Lau parece eclipsado por el trabajo de su compañera. Su interpretación es correcta y, lo que es más importante, resulta veraz.


Pese a la evidencia de la historia, Ann Hui realiza un trabajo impecable, mostrando el egoísmo que impera en la actualidad y dando un simple ejemplo de generosidad correspondida, tan necesaria en una sociedad que, cada vez más, tiende al individualismo y la incomunicación. El retrato de una residencia como si de un aparcamiento de ancianos se tratase es suficiente para conmover, a la par que denunciar, la situación de muchas personas que, tras una larga vida al cuidado de sus familias, se ven envueltas en una soledad agónica a la espera de su muerte. La comprensión entre ambos personajes les empuja al propio enriquecimiento personal, sobre todo a Roger, absorbido constantemente por su trabajo. A través de su figura, la directora sugiere que las buenas acciones pueden verse recompensadas mediante la gratitud.

 

Argumentalmente puede resultar lenta, pero su esencia se encuentra en cada una de las imágenes, en el lenguaje no verbal de los protagonistas. La cineasta asiática se decanta por un tono ligeramente documental, evitando, así, caer en el dramatismo. Los momentos de mayor tensión emocional tienden a relajarse gracias a pequeñas dosis de un cálido humor que empujan al espectador a un enfoque más tierno que lacrimógeno.

 

Como sucede a lo largo de toda su filmografía, Ann Hui realiza una dirección sin grandes alardes ni ostentaciones. Con un montaje que pasa prácticamente desapercibido, los primeros planos toman protagonismo acercándonos, no sólo a la trama, sino también a los sentimientos de Ah Tao y Roger, todo ello enmarcado por una banda sonora de corte minimalista que simplemente acompaña hasta llegar a pasar desapercibida.


Dos años han tenido que transcurrir para que por fin se estrene esta mirada al interior de las personas. Una crítica a la sociedad actual a través de un relato humano y real como la vida misma.



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