viernes, 31 de enero de 2014

Del orden al caos con Gandini Juggling

EXTRA!

Sirviéndose de 9 malabaristas, 80 manzanas y 4 juegos de té, la compañía británica Gandini Juggling presenta hasta el domingo en el Teatro Circo Price 'Smashed', una representación inspirada en la performance con el mismo nombre de la gran coreógrafa alemana Pina BauschLa que está considerada una de las mejores compañías de Gran Bretaña (premio Herald Angle en el festival de Edimburgo) presenta en Madrid un espectáculo circense cargado de malabares, danza y grandes dosis de humor inglés.

A partir del sonido de un saxofón, el espectador se traslada a los años 40 entre singulares trajes de corte clásico. Una imprescindible y muy acertada música de la época, acompañada de una sencilla iluminación, ayudan a que el público se centre únicamente en los movimientos de los malabaristas.

La técnica precisa de todos los integrantes y se coordina bajo un tempo perfecto, dando paso a un show en el que se combinan - manzana en mano - el humor, el flirteo, las envidias, la importancia de un té o, como ellos mismos nos recuerdan, a modo de chascarrillo, 'una taza de café en la Plaza Mayor', para desencadenarse en un destrozo caótico.

A pesar de una lenta introducción bajo el tema 'I’ve always wanted to waltz in Berlin' de Little Jack Little, el público difícilmente cae en el aburrimiento gracias a un ritmo agradable y divertido, con una  interpretación que va más allá de un simple movimiento de muñeca que hace volar unas manzanas al son de 'In the Shade of the Old Apple Tree' de Louis Armstrong.

Tras esa agilidad, aparentemente imposible por su dificultad y en varias ocasiones difícil de ver debido al enredo de personas sobre el escenario, se aprecia la comodidad y diversión de los intérpretes durante el espectáculo, y se agradece su intención de llegar al público hablando, incluso, en español.

La compañía deja ver en todo momento la esencia circense que, sin necesidad de payasos o colorido, queda presente en cada una de las bromas que ríen niños y no tan niños. Cuando se despiden del escenario, tras una hora de espectáculo, los presentes se quedan pensando en la alegría, la picaresca, la locura y en que, como han podido ver, de la risa al caos hay sólo un paso.


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