viernes, 31 de enero de 2014

El poder del masoquismo

EXTRA!

Tan solo dos personajes, un escenario y un diálogo intenso. El famoso director polaco Roman Polanski no necesita nada más para realizar una película diabólicamente entretenida. 'La Venus de las pieles', de una hora y media de duración escasa, es una perfecta sinfonía en la que se entremezclan la tensión sexual, la sumisión y el amor, de la que el público español puede disfrutar en cines desde el viernes 31 de enero.

Basada en el clásico literario del austríaco Leopoldvon Sacher-Masoch, la historia parte de la desesperada búsqueda que Thomas (Mathieu Amalric) lleva a cabo para poder encontrar a una actriz principal que esté a la altura de una adaptación teatral que ha escrito. Vanda (Emmanuelle Seigner) llega tarde a la audición después de un día fatídico lleno de contratiempos. Como una impetuosa energía, consigue enredar al autor, que, en un principio, se mostraba reticente ante alguien tan vulgar y alocado. Sin remedio, Thomas decide probar suerte, quedando totalmente encandilado por la asombrosa metamorfosis de la mujer, que parece haber nacido para el papel.

Seigner encarna a un personaje con un gran abanico de registros consiguiendo que resulte tremendamente hipnotizador ver cómo Vanda transforma su desquiciante ordinariez, que tanto perturba a Thomas, en toda una señorita cándida y bien educada. No obstante, detrás tanto encanto, se esconde una joven castradora y poderosamente seductora que se ve complacida por la propuesta de su acompañante, que embargado por la personalidad arrolladora de la dama, se entrega al placer como esclavo y servidor durante un año. El llamativo rol de dominante-dominador se intercala constantemente entre los protagonistas, que disfrutan del placer del masoquismo y la sumisión. Seigner se muestra arrebatadora de principio a fin, con una fuerza magnética impulsada por cada una de sus frases, que parecen aún más contundentes y vivas al ir acompañadas de una magistral gestualidad.

Amalric, por su parte, representa un papel que se centra en el estrés al que se ven sometidos los profesionales del espectáculo, con un horario preestablecido que no admite cambios, aunque la actriz perfecta llegue tarde a su propia audición. Engañado por sus propios prejuicios, acaba viéndose arrastrado por un torbellino femenino que le embauca completamente con un constante palabrerío que apenas le deja razonar. Y es que, sin darse cuenta, queda prendado de los encantos de Vanda, en quien llega a confiar de forma ciega hasta el punto de modificar su propia obra y confundir sus sentimiento. El actor recuerda a ese joven Polanski que interpretaba sus propias películas, en especial, 'El quimérico inquilino', de la que el director ha reservado un divertido guiño que sus fans reconocerán al instante.

El autor repite la misma fórmula que en su anterior trabajo, 'Un dios salvaje', tanto en la adaptación de una función teatral como, a nivel técnico, en el hecho de mantener a todos los personajes encerrados en un único escenario en el que se desarrolla toda la acción. Puede que la trama sea predecible, pero no es lo importante en este tipo de largometrajes: los diálogos son los que establecen la esencia y sobre los que giran el resto de elementos. 

La obsesión, la perversión, el autodescubrimiento y la sexualidad son los temas que envuelven la compleja historia, en la que los protagonistas entablan una relación que juega con el masoquismo, aspecto en el que se profundiza hasta tal punto que la dominación va más allá del plano sexual y físico. El magistral cineasta consigue llegar a confundir al espectador, que no sabe si el texto forma parte de la pieza que se representa o es la propia realidad de Vanda y Thomas.

La sencillez de su puesta en escena es un arma de doble filo, pero Polanski sabe perfectamente cómo realizar el trabajo de cámara y, a la vez, incluir esos toques propios de su cine. Además y, como es costumbre en su filmografía, vuelve a contar con la estupenda labor fotográfica que siempre desempeña Pawel Edelman, que repite por quinta vez con el polaco. La iluminación, elegante y más que sobresaliente, provoca que el espectador olvide el escenario, el teatro, todo lo que envuelve a los personajes. A su vez, el compositor parisino Alezandre Desplat se encarga del colofón final con una vigorosa banda sonora de gran belleza que no puede pasar desapercibida.

Un retrato ácido y descarado sobre parafilias y obsesiones con el que Polanski invita a su público a reflexionar y entrar en un juego ambiguo sin que se percate. 'La Venus de las pieles' representa un amor diferente que gira en torno a la humillación consentida y que goza con el placer de ser despreciado.


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