viernes, 14 de marzo de 2014

Una comedia romántica efectiva llena de tópicos

EXTRA!

Todos nos hemos reído alguna vez con chistes del tipo 'van un vasco, un gallego y un andaluz...'. Pues esto mismo es lo que ocurre en 'Ocho apellidos vascos', la comedia romántica de Emilio Martínez-Lázaro al más puro estilo americano que se estrena en las salas españolas el viernes 14 de marzo. Y es que en España no seremos los mejores en muchas cosas, pero a la hora de reírnos de nosotros mismos nos llevamos la palma. Una película llena de tópicos de la que nadie podrá decir que no se ha reído viéndola, propósito firme de la cinta.

Amaia (Clara Lago) conoce a Borja (Dani Rovira) cuando sus amigas intentan animarla llevándola de viaje a Sevilla tras la ruptura con su novio Antxon a las puertas del altar. El desfile de tópicos comienza cuando el sevillano se arranca con una ronda de chistes sobre vascos. A la joven, en un papel que le viene como anillo al dedo, no hay quien le calle y a borde no le gana nadie. Los protagonistas no podrían ser más opuestos, pero debe ser por eso mismo, que terminan atrayéndose. Unos besos, muchos tragos y una noche después, Amaia desaparece dejándose el bolso en casa de Borja.

Es entonces cuando el personaje interpretado por Rovira emprende un viaje al País Vasco 'a sacar de las vascongadas' a la que está seguro que es la mujer de su vida. Una serie de infortunios hacen que él quiera marcharse y sea ella, la que antes no quería verle ni en pintura, quien le necesite para que se haga pasar por paisano. El debut de Dani Rovira como actor le sienta como un guante y no parece que le cueste mucho haberse deshecho de su micrófono de comediante durante un tiempo. Su aspecto de buenazo, su facilidad a la hora de arrancar las risas y, sobre todo, su acento vasco, hacen de esta producción una buena comedia española.


No podemos olvidar los papeles secundarios necesarios para crear esta obra absurda y con un humor lejos de la elegancia y, sin embargo, muy nuestro. Koldo (Karra Elejalde) adquiere un protagonismo que no esperábamos en su papel de hombre del norte como el padre de Amaia que, aunque lleva años sin verla, se preocupa por su hija y quiere conocer al joven. Es entonces cuando empieza un tira y afloja entre el vasco y el vasco de pega, quien a pesar de sus esfuerzos no termina de convencerle. A pesar de las palmadas en la espalda que siente el espectador en sus propias carnes y de lo bruto que es el personaje, es inevitable que acabe resultando de lo más tierno.

La que no nos sorprende, debido a su trayectoria, es Carmen Machi. Su personaje de Merche es el más pequeño de los cuatro, en un falso papel de madre de Borja. Se mete en todo, opina de cualquier cosa y al final, lleva razón. La mujer, que en su día viajó al norte por amor, ayuda a Borja a enamorar a Amaia a su manera y, aunque nunca ha tenido hijos, no le cuesta ser firme con el chico, llevarle la contraria y darle esos consejos que sólo una buena madre podría dar.

Una comedia arriesgada pero en la que ningún bando sale perdiendo. Nadie con sentido del humor y un poco de gracia puede sentirse herido con ella. Un ejemplo más de que, cuando algo se nos da bien, se nota. Queda claro que de nuestra forma de ser y cultura no hay quien se ría mejor que nosotros mismos.


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