viernes, 4 de abril de 2014

El insustancial rugido de 'Need for Speed'

EXTRA!

Coches espectaculares de alta gama, velocidad, adrenalina y persecuciones. ¿Qué más se puede pedir a una película de entretenimiento y consumo trivial al más puro estilo hollywoodiense? A partir del viernes 4 de abril, la cartelera española recibe el último trabajo del director estadounidense Scott Waugh, 'Need for Speed', que, como su propio nombre indica, se basa en la saga de videojuegos de carreras automovilísticas.

En este tipo de cine es típico ver cómo la trama se resiente a favor de la acción, el elemento fundamental y, en este caso, no estamos ante una excepción. El mecánico Tobey Marshall (Aaron Paul) es culpado injustamente de la muerte de uno de sus mejores amigos durante una desafío improvisado con el antagonista de la cinta, el pretencioso Dino Brewster (Dominic Cooper). Tras salir de la cárcel, el protagonista buscará venganza. Acompañado por la atractiva copiloto Julia (Imogen Poots), se dirigirá a la arriesgada competición clandestina De León, la liga de campeones.

El famoso actor de la galardonada serie 'Breaking Bad', Aaron Paul, es uno de los puntos clave del film con una interpretación que no parece suponerle ningún reto comparado con sus anteriores trabajos. Pese a que se mete en la piel de un personaje cliché que apenas se ha sabido explotar, el intérprete consigue sacarle el máximo partido posible. A pesar del mérito que supone, probablemente estemos ante uno de los papeles que pasen más desapercibidos en su trayectoria.

Una grata sorpresa es Imoge Poots, que aun teniendo entre manos el manido papel de chica guapa que no suele despertar mucha simpatía hasta quedar relegado al romanticismo absurdo, aporta un toque divertido a la trama con gran naturalidad. Por el contrario, Dominic Cooper no se ajusta en absoluto a su rol de malvado. En ningún momento se muestra convincente ni resuelto, con falta de carisma e intimidación, por lo que resta calidad al largometraje. Dentro del reparto secundario destaca el aclamado actor Michael Keaton, que inexplicablemente realiza una actuación totalmente desaprovechada.


La sencillez de la historia resulta inenarrable, pero no estamos ante un film en el que eso sea demasiado importante. La sed de venganza sirve de eje argumental, acompañado de un suave romance excesivamente evidente. Dejando eso a un lado, la labor técnica es la verdadera protagonista. La experiencia de Waugh como especialista se hace visible en cada una de las escenas de acción, con un montaje rebosante de adrenalina, un sinfín de efectos generados por ordenador y secuencias grabadas con un gran número de cámaras para otorgar mayor realismo.

No obstante, tan meticuloso trabajo se ve desmerecido por una desacertada banda sonora. Acostumbrados al deleite musical que suele traer consigo el mundo del tunning, en donde el sonido impulsa por completo la viveza visual, la película pierde intensidad en sus momentos cumbre, llegando a ser extremadamente lineal.

Una cinta repleta de clichés que la convierten en un largometraje hollywoodiense insulso, pero efectivo como entretenimiento y, ante todo, atractivo visualmente para los amantes de los coches fastuosos y la velocidad. 


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