miércoles, 9 de abril de 2014

La precisión del romanticismo más amargo

EXTRA! 

El romanticismo y la tragedia se refugian en el escenario del Teatro Real gracias a la representación de 'Lohengrin' durante este mes de abril. Bajo la dirección escénica de Lukas Hembel y la musical de Hartmut Haenchen, la maravillosa ópera del compositor alemán Richard Wagner cobra vida.

Tras el fallecimiento del director artístico del Real, Gerard Mortier, el pasado 9 de marzo, la obra se convierte en el primer montaje posterior al belga, cuyo cargo ha quedado en manos del catalán Joan Matabosch, que tiene pensado mantener la misma línea llevada hasta ahora. Así, las 13 funciones previstas en Madrid están dedicadas a Mortier, que ha dejado una huella imborrable en los amantes de la ópera.

'Lohengrin' se basa en la leyenda del Caballero del Cisne, hijo de Parsifal. La joven Elsa es acusada por Telramund y su esposa Ortrud ante el rey, Heinrich I Der Vogler, de haber asesinado a su hermano Gottfried. En su defensa aparece el valiente Lohengrin, un desconocido caballero que no quiere revelar su procedencia pero que, enamorado de la protagonista, pretende casarse con ella. La bondad y la pureza se enfrentan a un mundo dominado por la mediocridad y la crueldad, que precipita a los personajes a un desenlace amargo, en donde los héroes dan lecciones a un pueblo mundano que sólo sabe infringirse dolor a sí mismo.

La tercera de las llamadas óperas románticas por el propio Wagner se presenta en una especie de cueva, obra del escultor berlinés Alexander Polzin, que pone en primer plano la historia de forma sencilla, resaltando la trama y el esplendor de cada personaje por encima del espacio que los envuelve. Junto a ello, el enriquecedor juego de luces a manos del también alemán Urs Schönebaum transmite un ambiente intimista, medido al milímetro, reflejo del palpitante pesimismo que el propio compositor quiso plasmar en esta obra y que en pocas representaciones hasta ahora se ha podido ver.


La soprano estadounidense Catherine Naglestad (Elsa) es una de las gratísimas sorpresas de la producción. Una calidad que se ve premiada con la fuerte ovación del público asistente al final de la representación. El majestuoso Christopher Ventris (Lohengrin) impone con su espectacular voz, dominando por completo el papel protagonista. El resto del elenco de cantantes resulta más que sólido y a la altura: Deborah Polanski (Ortrud) con una actuación arrebatadoramente emocionante, Thomas Johannes Mayer (Telramund) sometido a la fuerte altivez que arrastra su personaje y Franz Hawlata (Heinrich I Der Vogler) con una notable seguridad en sí mismo.

Sin duda, la labor del director de orquesta Harmut Haenchen es de sobresaliente, con una batuta firme, demostrando su significativa experiencia y trasladando al público a un momento dramático de gran vigorosidad. También es digno de mención el Coro Titular del Teatro Real, compuesto por 92 cantantes que impresionan con su presencia y gran labor interpretativa.

Demasiado tiempo ha pasado sin que la capital pudiera disfrutar de esta magnífica ópera de Wagner en la que se fusiona mitología y romance a viva voz. Una producción de incuestionable calidad que rinde un perfecto homenaje a Gerard Mortier.



No hay comentarios:

Publicar un comentario