viernes, 11 de abril de 2014

La revolución de los sentidos

Atlántida Film Fest


'No es entretenimiento. Esto no es una declaración política. No son las noticias. Esto es arte'. Así arranca 'The Secret Society of Fine Arts'el último film y aparente despedida del cineasta danés Anders Rønnow Klarlund. Inspirada en 'La jetée', de Chris Marker, la cinta se presenta como una de las apuestas más fuertes de la cuarta edición del Atlántida Film Fest.

Con la pantalla aún en negro, a través de una voz en off, comienza el interrogatorio. El Museo de Zoología de Berlín ha volado por los aires y con ello surge una pregunta: ¿arte o terrorismo? Durante un intenso intercambio verbal del cual no seremos testigos en ningún momento de la producción, Eva Kovacs (Jana Klinge), una actriz inmigrante de Bosnia, nos narra el porqué de estos actos a través de su relación con Louis (Christian Blümel), un estudiante de Bellas Artes que lidera un grupo de jóvenes artistas que pretenden mostrarle al mundo una forma de arte extremo que haga despertar a una sociedad dormida.

Inspirándose en grandes actos terroristas, la banda pretende llevar a cabo actos similares controlados a modo de una supuesta revolución en la que la estética y el desastre vayan de la mano. Una agitación expresada mediante la belleza que se puede presenciar tras un desastre, a través de elementos como una lluvia de mariposas o plumas de colores. Detalles que, en definitiva, utiliza Eva para rebatir las palabras de un ansioso oficial de policía al que quiere hacer ver que hoy en día las personas necesitamos estar en constante movimiento para no 'caer'.


'The Secret Society of Fine Arts' se acerca más a una pieza de videoarte que a la narrativa cinematográfica, a pesar de lo usual de su argumento. Creada a través de la manipulación de fotogramas fijos en 3D y a pesar de la sensación de agobio que a veces produce, la fotografía se convierte en el principal atractivo visual de la película, permitiendo que el director nos acerque a esa necesidad de ralentizar el ritmo para apreciar el buen arte que nos rodea y hasta reside en nosotros mismos.

Klarlund otorga al largometraje una trama de suspense desde el primer minuto, haciendo que el espectador - al igual que los personajes - se cuestione dónde está la línea que separa al terror de la hermosura, al loco del creador. Una cinta arriesgada en la que se realiza una defensa del arte como expresión, dejando en segundo plano a los personajes y a los objetos, ya que lo que se cuestiona son los sentimientos que estos provocan.

Los días pasan incesantes sin que dediquemos ni tan siquiera unos segundos a pensar en esas pequeñas cosas que embellecen la vida. Tendemos a mecanizarnos, a caer en monotonías que, sin querer, nos cierran los ojos y sobre todo el corazón frente a lo que de verdad importa. Vivimos, sin más remedio, en un mundo que no espera a nadie y en el que todo ocurre tan rápido que no te permite detenerte a observar sin quedarte atrás, haciendo que dejemos a un lado los sentimientos para no ser conscientes de todo lo que perdemos. Y eso, sin duda, es lo que de alguna forma nos brinda el arte: instantes sin minutero en los que somos capaces de apreciar la mezcla de todos y cada uno de los colores.


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