martes, 29 de julio de 2014

Cuatro mujeres en busca de sí mismas

EXTRA! 

Los secretos del amor sólo están en la mirada. Y así, uno puede percatarse de cómo aman la vida aquellos que por fin se sienten en paz consigo mismos, tras tiempos de dudas, incomprensión y miedos. Esa misma sensación es la que siente el espectador que acude a una función de 'Transrealidades', el espectáculo dirigido por el dramaturgo argentino Camilo Vásquez, al mirar a los ojos de Ángela Flores, María Alejandra Huertas, Inca Princess y Nayra Sánchez, que durante una hora cuentan cómo fue para ellas nacer en un cuerpo equivocado y luchar por su verdad en un mundo en el que aún abundan los prejuicios.

El montaje intercala proyecciones audiovisuales que muestran momentos puntuales de la vida de las protagonistas con la narración de multitud de recuerdos en un ejercicio de sinceridad con el público y consigo mismas. A pesar de la nobleza de su intención, falla la ausencia de un guión que, o bien no se ha considerado necesario, o bien no se ha preparado lo suficiente.

Mientras que emocionan escenas como el ejercicio de reflexión de Nayra frente a su diario o la demostración de amor escénico por parte de Inca, otros momentos como la discusión superficial sobre la importancia del activismo o la escena final, más cercana a una performance sin sentido que a una meditación sobre el trabajo, hacen que el montaje pierda el norte, a pesar de todo lo que se podría exprimir de cuatro mujeres a las que uno querría abrazar al finalizar la función para que nunca olviden que muchos de nosotros estamos de su parte sin necesitar explicaciones ni opinar sobre lo que no hemos vivido en nuestra piel.

Son bellas porque han conseguido sentirse completas en sí mismas en un mundo en el que perder el tiempo se ha convertido en algo imperdonable. Decidieron afrontar un largo camino, enfrentarse a la contradicción con su sexo biológico y ahora se suben a un escenario en el que verbalizan - con una claridad sorprendente - la incomodidad de las miradas hirientes de desconocidos y la satisfacción de encontrar el apoyo donde menos lo esperan.

Que la cultura funcione como motor de cambio siempre es una buena noticia. Mientras soñamos con una sociedad más sensibilizada, deseamos que el director se replantee la estructura de un montaje que podría ser mucho más interesante con el retoque de determinados momentos que debilitan su armonía y solidez. 

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