miércoles, 30 de julio de 2014

Transiciones sobre la añoranza

Filmin Music Fest


'Dark was the night, cold was the ground' es una canción compuesta por Blind Willie Johnson en 1927. Sustentando en sus acordes las melodías del blues y la nostalgia, la composición viaja a través del tiempo, dejando en compositores y cineastas el legado que sólo son capaces de crear los maestros. 

El desierto de Mohave se despliega ante la cámara bajo los acordes de Ry Cooder, que inspirado en 'la pieza más conmovedora y trascendente de toda la música norteamericana', la transforma y combina con imágenes para dar vida al personaje principal, que decaído y errático, viaja por tierras áridas sin saber exactamente cuál es el objetivo de su viaje. Es así como da comienzo 'París, Texas'.

El film se define como un viaje a ninguna parte, un hombre destrozado, la búsqueda de uno mismo ante la desolación del amor roto. El largometraje esboza los planos y se olvida del raciocinio, convirtiendo su historia en un sentimiento pleno de soledad y negación ante el mundo entero.

Wim Wenders dirige el guión de Sam Shepard y narra la historia de Travis, (Harry Dean Stanton), que, tras cuatro años de huida y desaparición, es encontrado desmayado en medio del desierto sin más compañía que la de sus silencios y el peso de sus secretos. Su hermano Walter (un enérgico y sincero Dean Stockwell) se encargará de devolverle a la civilización y a sus recuerdos, que aún marchitos, pelean por recobrar la luz.


Son esos recuerdos los que convierten al film en una road movie. Un viaje a través de la memoria, el espacio y el tiempo. Un ciclo de vivencias y tragedias que envuelven al protagonista en los estragos del alcohol y el peso del abandono familiar. La búsqueda infructuosa del auténtico amor y las lágrimas amargas ante la inevitabilidad del fracaso.

Travis, amparado bajo el apoyo de su hermano y la mujer de este, recupera el cariño de su hijo abandonado y marcha en busca de su amor perdido, de su historia inconclusa. La joven Jane, interpretada por una imparable Nastassja Kinski, eleva el discurso de la historia hacia su máximo esplendor, protagonizando junto a Stanton una de las más bellas secuencias del cine contemporáneo.

La tercera edición del Filmin Music Fest hace renacer esta pieza del cine independiente galardonada con la Palma de Oro en 1984. Nos deleita con la fragilidad de las emociones y la importancia de la fotografía que, de la mano de Robby Müller, recorre la intensidad de los colores y la divergencia de texturas.

Encontrando su magia en la simpleza de la trama y la tristeza del amor, Wenders consigue crear la armonía perfecta entre música, fotografía y discurso, meciendo entre sus planos la congoja y el desatino de quien ha perdido todo en la vida y lo único que le queda por entregar es su corazón.


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