jueves, 7 de agosto de 2014

El dolor presagiado de James Murphy

Filmin Music Fest


'Cada vez que nos íbamos de gira volvía con más canas. El único par de años que no giramos no envejecí nada, me quedé igual'. La cita es de James Murphy, líder de la que, probablemente, fuera la banda más importante de principios del siglo XXI: LCD Soundsystem. Con millones de fans en todo el mundo y el respaldo unánime de la crítica, diez años después de sus primeros pasos, se anuncia que el grupo realizará un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York y después desaparecerá. ¿Por qué?

'Shut up and play the hits' es un documental dirigido por Dylan Southern y Will Lovelace que une partes de aquella actuación de despedida con una entrevista al vocalista del grupo realizada por el periodista Chuck Klosterman. Murphy recuerda cómo leía 'El arco iris de gravedad' de Thomas Pynchon cuando era un adolescente, su admiración por grandes mitos como Andy Warhol, David Bowie y Lou Reed y deja ver la confusión que él mismo siente ante una decisión tomada sin más excusas que su miedo a que el tiempo pase y se arrepienta de todo lo que pudo hacer y no hizo.

La misma autoconsciencia que respiran los temas del famoso grupo es la que parece arrasar a su líder, que constantemente analiza cada paso que da, palabra que dice y gesto lastimero que entrega a cámara. A sus 41 años, el first world problem de la crisis de identidad le emborrona la existencia y decide echarse a un lado aunque sea consciente del error de su decisión. ¿Hay que dar explicaciones cuando se quiere volver a empezar? 


El electropunk autorreflexivo e instropectivo de LCD Soundsystem se refleja en el largometraje mediante la interpretación de temas como 'Us V Them', 'Someone Great' y esa joya titulada 'New York I love you (but you're bringing me down)', tras la que Murphy se desmorona y el público llora a lágrima viva tras tres horas y media del último concierto de la historia de la banda. 

El día antes, el día del concierto y el día posterior se entremezclan sin seguir un orden cronológico en una producción que galopa entre la emoción de los seguidores, la desorientación de su líder y la incomprensión del periodista y de los mismos compañeros de grupo de Murphy, a los que en ningún momento se les da la palabra en el que podríamos considerar el gran pecado de 'Shut up and play the hits'.

Los planos del cantante cruzando Nueva York en taxi encogen el corazón a cualquiera, mientras que los silencios propios de acciones cotidianas como el paseo matinal al perro o la preparación de una taza de café entristecen a quien no entiende qué pinta una estrella de la música llevando a cabo esas nimiedades que, en cambio, reflejan la paz y normalidad que Murphy echaba en falta. Se trata, en definitiva, de la historia de una despedida sorprendente que enternecerá a los espectadores de la tercera edición del Filmin Music Fest.


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