viernes, 31 de octubre de 2014

Algo huele a podrido en Escocia

EXTRA!

Dicen que la mayor enfermedad de nuestro nuevo siglo es la depresión, un mal del que no se puede salir si uno mismo no lucha hasta el final. Sin ir más lejos, la soledad es una de las causas más comunes de este mal endémico, pudiendo llevar al ser humano a su perdición. Nuestra cabeza puede introducirnos en un laberinto sin salida cuando miramos a nuestro alrededor y no hay nadie. Somos, inevitablemente, seres sociables por naturaleza.

Partiendo de este halo de decadencia, el director británico Jon S. Baird traslada a la gran pantalla la famosa novela del escocés Irvine Welsh a través de su último trabajo, 'Filth, el sucio', una controvertida comedia negra que llega un año después, este viernes 31 de octubre, a las salas españolas. Con la sombra inevitable de 'Trainspotting' del aclamado Danny Boyle, las drogas, el alcohol y el sexo se hacen presentes en una cinta que retrata la forma de ser del sargento de policía Bruce Robertson (James McAvoy), un misógino, déspota, racista y un sinfín de descalificativos que definirían a un hombre obsesionado por conseguir un ascenso por encima de todo.

Como un retrato de la Escocia más oscura, el protagonista peca de toda maldad mientras cae estrepitosamente en la autodestrucción. McAvoy, a quien aún tenemos en cartelera con 'La desaparición de Eleanor Rigby' de Ned Benson, lleva todo el peso de un film que si no llega a contar con él, pasaría totalmente desapercibido. Dejando a los actores más secundarios a la altura del betún, el artista eclipsa de forma electrizante con uno de los mejores papeles de su carrera por la complejidad de su personaje, gracias al cual podemos pasar del odio a la compasión sin percatarnos. Con grandes trastornos psicológicos, Bruce despierta numerosas carcajadas con su desparpajo y carisma, siendo la amoralidad parte de su rutina diaria.


La trama roza la excesiva sencillez aunque, a través de un montaje no lineal, el largometraje cuenta con un ritmo dinámico y con gancho. Pese a que toca temas controvertidos como el nazismo o la homofobia, los juicios de valor no tienen su lugar, siendo el espectador quien mantiene su propia opinión. No obstante, es complicado empatizar con tal alimaña, por lo que la parte más dramática del guión enfría lo que prometía ser un trabajo brillante.

Parece que el cineasta británico tiene cierta predilección por la filmografía de Guy Ritchie, entre otros, con una estructura visual oscura, excéntrica y, por momentos, un tanto repulsiva y caótica. Ambientada en el clásico paraje escocés, la fotografía, a cargo del director Matthew Jensen, al que ya conocemos por su labor en la famosa serie vampírica 'True Blood', recrea un espacio lúgubre y deprimente repleto de inquietud. Su banda sonora completa una producción que no pasa desapercibida con temas míticos como 'Dr. Love' de Tom Jones, '99 Ballons' de Nena o una versión de 'Creep' de Radiohead realizada por Coco Summer y Clint Mansell, compositor del que también disfrutamos en 'Cisne negro' o 'Réquiem por un sueño' de Darren Aranofsky.

'Filth, el sucio' no tiene tapujos. Una cinta irreverente, divertida y alocada, no apta para todos los públicos, que recuerda a grandes películas de culto. S. Baird presenta su segundo trabajo con un James McAvoy fuera de serie por el que ya merece la pena el visionado.


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