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martes, 21 de abril de 2015

La crueldad del amor

EXTRA!

A estas alturas es difícil sorprenderse con 'La Traviata', una de las óperas más representadas y aplaudidas de la historia. Se trata de la única pieza del género realizada por el romántico compositor italiano Giuseppe Verdi, la misma que en un principio no obtuvo el éxito esperado por el autor, basada en la famosa novela de Alejandro Dumas hijo, 'La dama de las camelias'La coproducción del Gran Teatre del Liceu de Barcelona, la Scottish Opera de Glasgow, la Welsh National Opera de Cardiff y el Teatro Real de Madrid se representa en este último espacio hasta el viernes 8 de mayo. 

Un clásico que, con motivo de la celebración de la Semana de la Ópera del Teatro Real, se podrá disfrutar masivamente en su última función gracias a las retransmisiones en abierto mediante grandes pantallas instaladas en la Plaza de Oriente, los museos del Triángulo del Arte y el Matadero, entre otros, así como en la plataforma de retransmisión online del teatro, Palco Digital.

Dividida en tres actos, la trama se centra en Violetta, una cortesana que, reticente a enamorarse, cae rendida al encanto de Alfredo, interesado en ella desde hace un año. Su intenso romance se ve obstaculizado por el padre de este, Giorgio Germont, que se presenta en la casa para pedirle a la joven que abandone a su hijo con el fin de no deshonrar a la familia. Ella, consciente de que está enferma de tuberculosis, acepta la petición llena de dolor y huye de los brazos de su amado, explicándole, a través de una carta escrita entre lágrimas, que se marcha a París dando su amor por terminado. 


La heroína clásica es interpretada por tres sopranos diferentes: la albanesa Ermonela Jaho y las rusas Irina Lungu y Venera Gimadieva. Un complicado y exigente papel que rebosa intensidad y por el que muchas otras han fracasado. Su evolución sentimental reclama poner un mayor ímpetu en la actuación, ya que tras mostrarse alegre, jovial y evasivamente romántica en el primer acto, se ve volcada y entregada a su pareja súbitamente en el segundo para acabar entregándose al dolor y la renuncia. Por su parte, el tenor italiano Francesco Demuro, el alicantino Antonio Gandía y el rumano Teodor Ilincái dan vida a Alfredo, al igual que la figura de Germont es llevada a cabo por los barítonos Juan Jesús Rodríguez, Ángel Ódena y Leo Nucci.

Bajo una elegante puesta en escena dirigida por el escocés David McVicar, la historia descarga una perfecta recreación psicológica de cada uno de los personajes principales sobre un manto de lujo y frívola pomposidad propio de la hipócrita burguesía del siglo XIX, al son de un potente halo musical del que se encarga la Orquesta Sinfónica de Madrid con la batuta del italiano Renato Palumbo, que en el ensayo general ahogó las espléndidas voces de los intérpretes.

La narración se sucede en la intimidad de las estancias, donde se da rienda suelta a los más inmundos vicios, con una precisa escenografía perfectamente ambientada. A través de un juego de telones negros, el escenario, cuyo suelo es la propia lápida de la protagonista, se divide en dos espacios que dotan de una magnífica fluidez a la obra, arropada por una sobria iluminación que enmarca una historia de crueldad social, amores imposibles y heroicidad.


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