lunes, 22 de junio de 2015

Un beso en los labios de la tolerancia



Huir de tu país en busca de respeto y normalidad. Aguantar las voces de aquellos que eluden su intolerancia susurrando que 'si no lo vas contando, nadie te dirá nada'. Levantarse cada día de la cama en un país en el que los legisladores apoyan una ley que condena la difusión de cualquier información sobre la homosexualidad con penas de cárcel. A esa realidad se enfrentan cientos de jóvenes homosexuales en Rusia, un país que durante toda su historia ha mantenido una visión conservadora respecto a las relaciones entre personas del mismo sexo hasta convertirse, en los últimos años, en una de las mayores vergüenzas europeas en lo que tiene que ver con el respeto de los derechos humanos bajo la coartada de las tradiciones y la cultura rusa.

En el año 2013 se creó un proyecto público en Internet destinado a ofrecer apoyo a los adolescentes homosexuales, bisexuales y transgénero bajo el nombre de 'Children 404', haciendo alusión al error con el que un usuario se topa en la red cuando no existe aquello que busca. La periodista rusa Lena Klimova gestó el movimiento tras escribir una serie de artículos sobre jóvenes LGTB que desembocó en una iniciativa que a día de hoy cuenta con una red de más de 50.000 personas en la red social rusa Vkontakte.

El documental 'Children 404', dirigido por Askold Kurov y Pavel Loparev, muestra la historia de 45 jóvenes que han sufrido en su piel la discriminación por su orientación sexual en el país de Vladímir Putin. Psicólogos que culpan a niños de no aceptar la existencia de los homófobos, padres que prefieren ver a sus hijos muertos que felices con alguien de su mismo sexo y ciudadanos que escupen a quien sale a la calle pidiendo respeto van torciendo el gesto de un espectador que se sentirá ante una serie de testimonios surrealistas propios del medievo, por desgracia más que habituales en la actualidad.

Una imagen fija recoge las palabras de Klimova, que recuerda cómo se vio obligada a redactar su dimisión en un medio de comunicación tras comenzar un filtreo con una compañera de oficina. La activista se debate entre la lucha y la tristeza abismal de quien no entiende a los que confunden el amor con una amenaza global. La cámara en mano mezcla las historias de quienes encuentran el calor de sus seres queridos cuando se atreven a dar el paso de revelar su homosexualidad y de los que hicieron las maletas dejando atrás la incomprensión.


Se retrata a quienes se escandalizan pero también a aquellos que rodean con sus brazos a sus hijos, familiares y amigos ante las contradicciones de un país que celebra cada año un día por la tolerancia en sus escuelas mientras las leyes retiran la patria potestad a padres homosexuales, impiden que quien no sea heterosexual done sangre y donde las encuestas afirman que el 90% de los rusos se posiciona en contra de la aceptación social de las 'relaciones no tradicionales'. Mientras tanto, los tanques decoran toda la ciudad.

La música no existe en una producción sobrecogedora que se sirve de 76 minutos para presentar a personas tan normales como el resto, que sueñan con una vida tranquila en la que puedan amar, trabajar y sentirse en paz al final del día. Los testimonios sonoros se conjugan con los retratos de multitud de jóvenes que cuentan su historia en los perfiles de 'Children 404', donde anhelan encontrar a alguien que les apoye y les saque de una lucha interna que sólo puede derivar en la aceptación y, en muchos casos, el exilio.

Mientras la homofobia campa a sus anchas en la sociedad rusa, el público tiene la oportunidad de sumergirse en un documental honesto que ha salido adelante gracias a las donaciones de decenas de personas. Algo falla en la mente de los que no entiende que el delito es el acoso y no el amor, que en el fondo es lo que juzgan. De ahí la necesidad del activismo contra un gobierno prostituido y un pueblo envilecido. 9/10.


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