viernes, 3 de julio de 2015

El tabú cinematográfico de la propaganda nazi



Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial son global y atemporalmente conocidas. La dureza del régimen dictatorial del Tercer Reich y el calibre de las masacres siguen provocando escalofríos y dudas sobre el alcance de la maldad humana. Sin embargo, y como ingrediente esencial de estudio, está la sociedad, a la que puede llegar a convencerse de que un régimen autoritario y antisemita puede suponer el bien absoluto.

El documental 'Forbidden Films', dirigido por el actor, guionista y documentalista alemán Felix Moeller, parte de esta premisa centrando su atención en mostrar cómo Alemania manipulaba a la sociedad para transmitirle los valores que fomentaba el nazismo. Una de las formas más fáciles de llegar al pueblo era produciendo y distribuyendo producciones cinematográficas que de una manera ágil y divertida lograran captar el interés del espectador.

Este tipo de películas hizo que la audiencia superara con creces a cualquier título que actualmente podamos considerar taquillero ('Titanic' o 'Avatar' anotan cifras ridículas en comparación con el éxito de 'Jew Suss'). El ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, identificó el cine como el medio más potente de difusión y lo utilizó para llegar a través del ocio a la mayor cantidad posible de público.

El documental recopila fragmentos de filmes de propaganda de entreguerras, recogiendo estereotipos y revelando cómo se ensalza la raza aria y ridiculiza a polacos, ingleses y judíos. 'Heinker', 'The homecoming' o 'Jew Suss' son sólo algunos ejemplos. Recreándose en violentas escenas de violaciones y asesinatos, el cine lograba inocular el pensamiento del nazismo, convirtiendo al pueblo en marionetas a las que manejar a su antojo.


El ensayo forja un recorrido por directores y actores caracterizados por protagonizar este tipo de producciones, mostrando la obra de Karl Ritter y Hans Heistenhoff en calidad de realizadores, o Emil Jannings y Heinrich George como estrellas de la pantalla. Se analizan, por otra parte, las incógnitas de lo que podría mover a los artistas a formar parte de semejantes obras.

El rompecabezas más interesante de la cinta, y en base a la cual se estructura todo el guión, es qué se debería hacer con esas películas que con el paso del tiempo se han etiquetado como prohibidas. El planteamiento de la posible manipulación de su contenido se interpreta como una censura a la que el espectador no merece estar expuesto.

De esta forma, las diferentes personalidades entrevistadas defienden el visionado de las cintas para que los espectadores puedan labrarse su propia opinión acerca del contenido filmado. Con la conclusión de que estas piezas de propaganda son auténticas joyas cinematográficas con mensajes espeluznantes, el documental conjuga una visión sobrecogedora de la influencia del séptimo arte sobre las masas. 7,5/10.

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