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jueves, 17 de septiembre de 2015

Oscar Wilde a ritmo de salsa

EXTRA! 

La Sala Guirau del Teatro Fernán Gómez acoge del 8 de septiembre al 4 de octubre la obra 'Windermere Club' dirigida por Gabriel Olivares ('Burundanga'). El texto de Juan Carlos Rubio, basado en 'El abanico de Lady Windermere' del genial dramaturgo irlandés Oscar Wilde, traslada el melodrama victoriano a un club de salsa situado en el Miami actual.

Santiago (Harlys Becerra) y su joven esposa Sara (Susana Abaitua) imparten clases de baile latino en el local que dirigen. La estabilidad del matrimonio se tambalea ante la llegada de la señora Nadir (Natalia Millán) y de Katy (Teresa Hurtado de Ory), una periodista chismosa que se encargará de alimentar los rumores de una supuesta infidelidad de Santiago, aumentando la desconfianza de Sara. Un empleado cubano de la pareja, Darling (Emilio Buale), trata por su parte de sacar partido de la confusión, mientras que el hermano de KatyAugusto (Javier Martín), está locamente enamorado de la misteriosa señora Nadir.

En la representación conviven dos cubanos, una argentina, una española, un mexicano y su hermana con aspiración a yanqui, destacando el trabajo de la española Susana Abaitua, con un convincente acento argentino, y del guineoecuatoriano Emilio Buale en la piel de un cubano que se deshace en piropos con su jefa mientras despierta las risas del público. Junto a estos dos actores, Natalia Millán aporta elegancia demostrando su más que sobrada experiencia en el mundo de la interpretación.


Sobre las tablas, un luminoso y colorido decorado recrea al detalle la sala de baile donde transcurre la mayor parte de la trama. Mientras los actores se preparan para las siguientes escenas, la locución radiofónica con melodía paradisíaca se encarga de subrayar los acontecimientos con sutileza.

En los 95 minutos que dura esta original adaptación de Wilde, los personajes experimentan una evolución marcada por los distintos acontecimientos. Hay escenas del montaje, sobre todo en su arranque, en las que el ritmo se ralentiza entre divagaciones, agradeciéndose los diálogos sencillos. Porque, como se suele decir, menos es más. Es ya en su desarrollo cuando el espectador se sumerge en la historia.

Al final de la representación, el reparto demuestra lo aprendido en sus clases de ritmos latinos como guinda de una pieza que reflexiona sobre la importancia que se da al qué dirán. Ay, lo equivocados que podemos llegar a estar cuando nos dejamos influenciar por las malas lenguas.


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