jueves, 10 de diciembre de 2015

El peso del tiempo

EXTRA! 

La juventud como paraíso perdido. Las noches de verano como mayor nostalgia. Ni ahora, ni ayer, ni luego: justo en aquel instante. Jóvenes con nombres y apellidos a los que no era la edad sino la actitud lo que les hacía estar más vivos que nunca, alejados de la pasividad y lamentación que hoy gobiernan rutinas interminables que les vuelven viejos. Tras el inmenso éxito de 'El Intérprete', Factoría Madre Constriktor presenta 'Siempre me resistí a que terminara el verano', una pieza escrita por uno de los más sólidos creadores del nuevo teatro argentino, Lautaro Perotti, que cruza el océano hasta llegar al Teatro Marquina, donde estará hasta el domingo 13 de diciembre con una historia en la que el reencuentro se convierte en la única vía para caminar hacia delante.

Tres amigos se vuelven a ver, después de muchos años, en el pueblo donde crecieron juntos. Raúl, un escritor que permanece de hielo ante la muerte de su madre, llega junto al fiel Andrés a aquel lugar que José Antonio nunca abandonó. El burdel regentado por Isabel, la madame que les descubrió lo que era el sexo, sigue donde siempre. Un joven inocente llamado Diego completa el grupo de personajes que integra una producción en la que una visita repentina se extiende hasta que los protagonistas se cuestionen sus caminos.

Pablo Rivero, Andrés Gertrúdix, Estefanía de los Santos, Unax Ugalde y Santi Marín se encargan de interpretar unos papeles dramáticos en los que la soledad, los bloqueos emocionales y los reproches sobrevuelan el patio de butacas frente a un público que asiste a los ajustes de cuentas de tres hombres a los que sólo les une el pasado y una prostituta que se lamenta a solas de cómo el tiempo arrasó su belleza consigo. 'Y ahora aquí estamos. Tratando de encajar en esta nueva ropa que nunca me gustó. Aquí me tienes Caimán, vestida de vieja. ¿Por qué necesito tanto maquillaje?', se lamenta Isabel.

Le sobran unos cuantos minutos de duración a un espectáculo con el que Unax Ugalde debuta sobre las tablas en una actuación brillante como un dulce José Antonio al que ver a su familia feliz mientras golpea el balón le es suficiente para sentirse realizado. Cuesta más creerse a Pablo Rivero como Andrés, quizá por lo asociada que tenemos su imagen a la del hermano mayor de la televisiva familia Alcántara. Sea como fuere, a las órdenes de Tomaz Pandur y Daniel Veronese le vimos desenvolverse mejor.


Andrés Gertrúdix interpreta a un desorientado Raúl que, junto a Estefanía de los Santos, sostiene el peso dramático de un montaje que a pesar de su emotividad no llega a emocionar como su autor querría. La única actriz de la pieza vuelve a dejar claro, como ya hiciera en 'Las plantas' de Pablo Messiez, que le sobra talento y fuerza escénica, entregando siempre personajes llenos de naturalidad y emociones.

El trabajo de Santi Marín como Diego dota de cierto humor al montaje, sacando carcajadas con anécdotas funerarias y dibujando sonrisas tristes cuando echa el freno al deseo de Isabel en el burdel donde antaño nadie se le resistía. Es indudable el elenco de primera que configura la obra producida por Asier Etxeandia, aunque también sea cierto que no hay desenlace como tal, cerrándose la trama de forma abrupta.

La sobria escenografía e iluminación encajan con el tono de un espectáculo - que pronto saldrá de gira por toda España - al que el sonido de la lluvia acompaña de forma intermitente. El escenario se convierte en el mítico Caimán, donde se acaban revelando secretos y recuerdos que ninguno de los antiguos amigos olvidó. El bellísimo tema compuesto para la ocasión por Asier Etxeandia, Tao Gutiérrez y Enrico Barbaro 'Su forma de andar' suena cuando culmina un montaje que entretiene pero no deja huella. 



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