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lunes, 15 de febrero de 2016

Flores impetuosas o el canto de Sufrida

EXTRA! 

Están dentro de ti, acosándote cuando menos te lo esperas, inmovilizándote contra el suelo cuando brotan como si fuese la primera vez que los sientes. Los recuerdos se ponen frente a ti y te cuestionan, sin pedir permiso para entrar en tu cabeza, rasgándote el corazón con dolor o delicadeza. El tiempo y la mochila se va llenando de tesoros y pesadumbres que a unos derriba y a otros sirve para tomar impulso.

La actriz Elena Lombao se inspira en la pintora mexicana Frida Kahlo para meterse en la piel de Sufrida Calo, una mujer con acento gallego nacida en Ponferrada, coja y amiga del estramonio que, después de triunfar en el Café Berlín de la capital, protagoniza cada miércoles a las 20.15 h. en el Teatro Lara un monólogo de una hora en el que la carcajada y la pena mecen al espectador en un equilibrio perfecto donde hay tiempo para las rancheras más mordaces.

La sala off del espacio cultural madrileño sirven a Lombao para desplegar su talento multidisciplinar en un ejercicio interpretativo de considerable esfuerzo físico en el que se sirve de la postura corporal, su voz y la iluminación para encarnar a una serie de personajes a los que alude la protagonista sin perder un ápice de naturalidad. Valiéndose del humor negro y la falta de sentido del ridículo, Sufrida le muge a dios, reprende al amor hiriente y se desahoga en la barra de un bar donde llora sus penas.


Una escenografía tan simple como efectiva sirve para dar vía libre a la energía, pasión, talento y amor por la vida de una mujer de personalidad arrebatadora que refleja sobre las tablas, sin perder del todo la sonrisa, el sufrimiento con el que ha tenido que convivir desde que en su infancia alguien la señalara como diferente. Y de esa distinción nacen sus cicatrices y obsesiones hasta lograr una cicatrización que llega cuando la propia actriz se despide del espectador a la salida del teatro.

La suave amargura del texto acaricia a todo aquel que alguna vez se sintió arrinconado, una sensación que en muchas ocasiones deriva en complejos, como si el tiempo no corriera, o la mente al menos. Elena Lombao entrega una interpretación soberbia en un papel con el que se apasiona, expresando los demonios de toda una vida y derrochando un talento incuestionable.

Unos paneles que sirven para reflexionar sobre el tamaño y la bondad del corazón humano, un par de sillas, una lamparita y una guitarra cómplice ponen en pie una función que la propia actriz dirige junto al artista nominado a los Grammy Latinos Borja Echeverría. El paso del tiempo va dejando las huellas de su paso mientras las flores se marchitan. Todas menos las que decoran el pelo recogido de una adorable Sufrida.

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