martes, 8 de marzo de 2016

La necesidad del humor

EXTRA! 

Qué necesario el humor cuando se mueven más los árboles que la situación política española, cuando la Unión Europea amenaza con cerrar la puerta a quienes huyen de la miseria y cuando, en definitiva, el mundo es cada vez más crudo. Sin esos creadores que nos evaden por unas horas de la realidad, sería difícil no perder el equilibrio. El lujo de ver cómo bajan las luces y comienza un espectáculo es algo que debemos agradecer eternamente al mundo de la cultura.

El mítico grupo argentino Les Luthiers está de vuelta en España con '¡Chist!', un nuevo montaje en el que el famoso quinteto cómico, con más de 48 años sobre las tablas, interpreta una selección de las mejores piezas de su amplio repertorio. Estrenada en la ciudad argentina de Rosario en el año 2011, la producción ha sido ovacionada en diferentes países latinoamericanos que veneran el humor creativo, ingenioso e irónico de la formación.

Tras triunfar en España con 'Lutherapia', con la que visitaron 22 ciudades en las que representaron 120 funciones, los cómicos reúnen sus mejores escenas a partir de un complejo trabajo de selección llevado a cabo entre las más de 170 obras creadas por el grupo fundado por el arquitecto y músico Gerardo Masana. Con la ausencia omnipresente del talentoso Daniel Rabinovich, fallecido el pasado mes de agosto, el desafío ante el público es considerable. Se le echa en falta a pesar del buen hacer de Martín O'Connor y Horacio Tato Turano.

Instalados en el Barclaycard Center madrileño, del 4 al 12 de marzo, el grupo demuestra su buena salud durante las cerca de dos horas por las que se recorren una decena de piezas de probado éxito que provocan la carcajada continua del espectador a partir de los juegos lingüísticos y la frescura de un texto brillante. Aunque un escenario de la estructura y magnitud del (hasta hace poco llamado) Palacio de los Deportes pierda la cercanía con el público que se puede vivir en espacios más teatrales, la calidad e inteligencia de la obra suple cualquier fleco.


El humor sobrio aderezado con buenas dosis musicales de escenas escritas hace varias décadas sigue tan efectivo como la primera vez. Sin necesidad alguna de caer en lo escatológico ni en recursos fáciles, Les Luthiers hacen del ingenio su mejor baza, rindiéndose el público a sus pies sin resistencia alguna. Desde la historia del exitoso cantautor Manuel Darío hasta un particular rap que compara las inquietudes de los jóvenes de hoy en día con los de antiguas generaciones, los seis (trajeados) actores se dejan la piel y el talento en escena sin apenas recursos escenográficos.

Los instrumentos informales como el campanófono, compuesto por tubos metálicos que al ser percutidos suenan como campanas, o el cellato, que parodia al violoncello a partir de una lata de líquido limpiador, aparecen en los diferentes números, llegando al momento álgido con el uso del bolarmonio en la pieza que se incluye fuera de programa. Excelente trabajo el de Jorge Maronna con la serie de pelotas usadas en forma de teclado.

Los clásicos Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock y Carlos Núñez Cortés, junto a los más recientes Martín O’Connor y Horacio Tato Turano, pueden presumir de unos aplausos que llegan según salen juntos por primera vez a escena. Los que acuden a verles saben de su maestría, siendo su mera presencia una gran fortuna. Con todos los claroscuros que nos sacuden cada día, suerte que contemos con maestros como Les Luthiers para hacer de este mundo un lugar mejor.


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