martes, 26 de abril de 2016

Realistas en el Thyssen

EXTRA! 

En una época en la que la fotografía y el vídeo parecen inundarlo todo, asomarse a la realidad más pura a través de un cuadro puede parecer un sinsentido. Al menos hasta que uno se topa con la exposición 'Realistas de Madrid'. El Museo Thyssen-Bornemisza de la capital, siempre por encima de la media en cuanto a calidad, originalidad y elegancia, acoge 89 piezas que incluyen óleos, esculturas, relieves y dibujos mediante las que se acerca al visitante a un movimiento a contracorriente que reivindicó la belleza de la intimidad silenciosa.

El director artístico Guillermo Solana y la hija del pintor Antonio LópezMaría López, ejercen de comisarios de una muestra que permanecerá abierta al público hasta el próximo 29 de mayo. El grupo histórico y generacional de pintores y escultores que han vivido y trabajado en Madrid desde la década de los años 50, centrando su formación en el triángulo compuesto por la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, el Museo del Prado y el Casón del Buen Retiro, vuelve a los orígenes pintando cielos azules en una época en la que los creadores ya habían dejado de hacerlo. Se trata, además, del primer grupo de artistas españoles en el que las mujeres ocuparon un lugar destacado.

Dividida en tres grandes secciones, la exposición arranca con un recorrido por el tema central del movimiento, la naturaleza muerta, que transmite la vida humana de quienes pueblan salones, habitaciones y baños que permiten reconstruir el más íntimo de los retratos gracias al detallismo de las máquinas de coser, lámparas, teléfonos, libretas y botes de perfume que llenan de realismo los bodegones.


Las esculturas de los hermanos JulioFrancisco López y las obras del maestro Antonio López, pintor más conocido del movimiento, así como la delicadeza y serenidad de las obras de Isabel Quintanilla, brillan con luz propia, intentando definir la forma mediante la luminosidad en obras como 'Jardín', inspirada en unos frescos de la Roma antigua.

Como si de personas que salen tímidamente de su espacio de confort se tratase, los realistas madrileños se van acercando al exterior observando primero a través de umbrales y ventanas para finalmente abrirse a los jardines. Isabel Quintanilla y María Moreno ponen la nota de color en unos paisajes que dejan atrás la palidez de piezas como 'Lavabo y espejo', de Antonio López. También se atreven a recorrer las vibrantes calles de la capital, con la Gran Vía como principal avenida que vertebra una ciudad en la que se conocieron, estudiaron, trabajaron y hasta se casaron entre ellos.

Resulta casi paradójico que una forma tan literal y minuciosa de realismo logre despertar la imaginación de un visitante que puede reconocer parte de su cotidianidad en las pinturas al mismo tiempo que se detiene a admirar su belleza. Lo local y lo íntimo también son vías para alcanzar lo universal.


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