jueves, 11 de agosto de 2016

Se ruega no pisar el jardín

EXTRA!

Influido por un París en plena ebullición urbanística, el pintor francés Gustave Caillebotte (1848-1894) comenzó a desarrollar sus primeras obras en los barrios más distinguidos de la ciudad de la luz a finales del siglo XIX. La exposición 'Caillebotte, pintor y jardinero' es el homenaje que el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid quiere rendir a un artista que se formó en la urbe pero acabó floreciendo en exuberantes jardines de extrarradio. La muestra, comisariada por la directora de exposiciones e investigación del Museé des Impressionnismes Giverny, Marina Ferrettipuede disfrutarse hasta el próximo 30 de octubre en la prestigiosa pinacoteca.

A la primera época capitalina pertenecen interesantes pinturas en las que dominan los tonos grises, como 'Pintores en un edificio' (1877) o el boceto 'Calle de París, tiempo lluvioso', del mismo año. La pobreza cromática de los inicios sólo se deja seducir por la tímida vegetación urbanita, protagonista de cuadros como 'El bulevar visto desde arriba' (1880), donde se presenta un llamativo juego de perspectiva que acompañará toda la obra del autor.

Aunque en la exhibición no es posible contemplar el original de 'Los acuchilladores' (1875), una de las más célebres obras del pintor, perteneciente al Musée d’Orsay de París, se puede disfrutar del boceto al óleo de la obra. La predilección de Caillebotte por la naturaleza tiene su origen en la propiedad familiar de Yerres, localidad al sudeste de París donde el francés se inicia en el arte de contemplar y plasmar sosegados paisajes vegetales.

Piezas como 'Remero con sombrero de copa' (1878) o 'Piraguas en el río Yerres' (1877) son testigo además, de la creciente moda de los deportes de agua entre la burguesía de la época. Seducido por la idea de un entorno bucólico donde poder instalarse, el pintor vende la casa de verano de Yerres en 1879 y adquiere, junto a su hermano Martial, un terreno en Petit Gennevilliers, cerca del Sena y del municipio de Argenteuil, al noroeste de París.


La disposición de las 64 obras seleccionadas en la muestra facilita que se distingan las sucesivas épocas productivas del artista, en las que se observa una evolución de estilo hacia un trazo menos académico y más impresionista. Alrededor del Sena se acentúa su interés por la navegación, alumbrando cuadros como 'El Sena y el puente del ferrocarril de Argenteuil' (1885), con un encuadre sólido y predominio de los azules.

La colección dedica buena parte de su espacio a la obra desarrollada en la finca de Petit Gennevillliers, convertida con los años en los cimientos de una cómoda vivienda con un vastísimo jardín e invernadero. Allí, el pintor, también marchante de arte y organizador de exposiciones, dio rienda suelta a su gusto por la jardinería, afición compartida con su coetáneo y compañero de profesión Claude Monet, lo que se ha corroborado en la abundante correspondencia entre ambos. 'Sendero en el bosque' (1880) o la inacabada 'Parterre de margaritas' (1893) dan buena muestra de su pasión por las flores que, plasmadas sobre lienzos, cubren las puertas del salón y otras dependencias de la casa.

Gustave Caillebotte muere a los 45 años de edad, dejando un legado de perspectivas y botánica que le ha hecho un hueco entre los más altos nombres del movimiento impresionista. Su posición económica le permitió hacerse con una colección de más de 60 obras de Degas, Cézanne, Manet, Renoir, Pissarro, Monet y Sisley que, a su muerte, donó al Estado francés. Un colorido cada vez más rico y una pincelada cada vez más suelta llenan de luz una exposición para conocer a un artista desconocido y original.


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