miércoles, 17 de mayo de 2017

La representación visual del sufrimiento

EXTRA!

La Sala Tribueñe acoge los viernes de mayo 'El corazón entre ortigas', una producción propia dirigida por Paco de la Zaranda sobre un texto de Eusebio Calonge. Mediante una cuidada escenografía, actuaciones, música, movimientos coreográficos y canto, esta inusual propuesta de gran carácter estético y visual lleva al espectador al dolor provocado por los conflictos bélicos en todos los bandos, momentos y circunstancias.

'El corazón entre ortigas' se basa en la historia de un diplomático que acogió en la embajada de Chile a centenares de personas de diferentes procedencias, pensamiento y condición durante la Guerra Civil Española: Carlos Morla Lynch. La intención no es contarnos una historia, ni explicarnos el devenir que sufrieron los personajes, ni siquiera saber de qué lado estaba cada uno. La motivación que mueve este montaje es representar el sufrimiento, hacernos partícipes de todos los tipos de dolores posibles, además de transmitirnos la universalidad de las consecuencias que trae el conflicto para la población.

Para ello, Paco de la Zaranda se vale de múltiples recursos. Destaca el enorme elenco en una época en la que estamos demasiado acostumbrados a pequeños montajes con una o dos personas que admirablemente defienden su trabajo y lo vuelven  más rentable. Una docena de versátiles actores cantan, tocan el piano, van y vienen personificando el dolor en cada movimiento. El sonido y los ruidos creados con los más variados elementos no hacen sino aumentar el sentimiento de angustia. El trabajo de representación del padecimiento es admirable. Se produce en la sala una especie de sinestesia: la aprensión que produce un sonido, gesto o color llega a cada rincón del espacio impregnándolo todo.


No hay escenas, más bien podríamos hablar de cuadros. Como si un pintor estuviera esbozando su modo personal de visualizar la barbarie, todos los elementos se van colocando y evolucionando hasta transmitirnos cada matiz, cada tormento, cada sinrazón. Desde la anciana que pierde a su marido y lo llama a todas horas, pasando por enfrentamientos entre quienes nunca tuvieron mayor interés en la política, vemos cómo todos los implicados están perdidos y alojados en esa especie de limbo en el que se convierte la Embajada, que los mantiene con vida pero no les evita las múltiples angustias. Incluido el diplomático y su familia, nadie se libra de la pena.

La luz es otra herramienta clave. Los claroscuros con cierta inspiración goyesca recuerdan cómo se devoran unos a otros y muestran simbólicamente el absurdo de un todos contra todos que sólo conduce a la muerte. La lírica, especialmente en el inicio y el desenlace de la presentación, aporta potencia y remueve los sentimientos más profundos.

Tras su paso por Madrid en el año 2016 como parte del festival Surge Madrid, la prestigiosa Sala Tribueñe vuelve a programar una pieza sobre el sufrimiento que es poesía pura. El telón de fondo es España, pero podría situarse en cualquier otro espacio y tiempo, presente o pasado. Y es que nadie sale vencedor de una guerra salvo el propio horror.


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