viernes, 29 de septiembre de 2017

La petite mort de Aronofsky

EXTRA!
Mother! de Aronofsky

Totalmente recomendable. Con esta afirmación tan tajante se puede describir la última obra del original director y guionista estadounidense Darren Aronofsky, 'Madre!'. El largometraje, que ha sembrado la controversia, llega a la cartelera española este viernes 29 de septiembre tras desfilar por la sección oficial del Festival de Venecia, intrigando tanto a la crítica como al público asistente. Y no es para menos. La nueva cinta del prodigioso autor es una de las propuestas más arriesgadas que ha llegado a la gran pantalla en los últimos años y, sólo por eso, se erige como una cita ineludible tanto para seguidores como para detractores del cineasta.

Sin embargo, es realmente complicado describir un trabajo de estas características sin desvelar demasiado. Sin conocer tan siquiera los nombres de los personajes, la narración se centra en la historia de una mujer (Jennifer Lawrence) y su marido, (Javier Bardem), que se encuentran renovando una vieja casa en mitad del campo. En plena noche, reciben la visita de un supuesto médico (Ed Harris), que desea obtener una habitación en lo que él piensa que es un pequeño hotel. A pesar del error, es invitado a pernoctar el tiempo que necesite. No tardará en llegar su esposa, una estridente Michelle Pfeiffer que no duda en sentirse como en su propio hogar. Lawrence observa los extraños comportamientos de quienes tiene a su alrededor, incapaz de expulsarles de su casa por culpa de algunos contratiempos.

'Madre!' comienza como multitud de cintas en las que el otro interrumpe la normalidad de una pareja. No obstante, Aronofsky lleva un paso más allá esta tendencia para abusar no sólo de la hospitalidad de los personajes, sino también de las sensaciones del espectador como si de un salto al vacío se tratara. Durante las dos horas de metraje, el pausado ritmo deja paso a un tratamiento de la tensión psicológica que pocos autores son capaces de lograr. La angustia va creciendo sin dar tregua, forzando la crudeza de la violencia y la salvaje anarquía en un clímax que conduce a un estado de inconsciencia.

En esta ocasión, Lawrence pierde la fuerza y poder que cabría esperar, permitiendo que la impotencia y la angustia se adueñe del espectador. Un trabajo magnífico junto a su compañero de reparto, Bardem, que encara un personaje de lo más ambivalente. Su posición, entre límites y constantemente dividido entre su mujer y sus nuevos amigos, termina adquiriendo una gran importancia en la narración ante la incredulidad de un público que sigue buscando cierto raciocinio. Por su parte, Harris y Pfeiffer aportan un halo satírico con dos extraños roles que provocan antipatía.


El director de fotografía neoyorquino Matthew Libatique realiza una labor inigualable transformando la atmósfera de la cinta a su antojo. Mientras las cenizas se desplazan durante los primeros minutos de la obra, la claridad se cierne sobre un idílico hogar que termina ensombreciéndose con el transcurso del tiempo. Todo ello sin necesidad de banda sonora, recurriendo a la exaltación de un sonido ambiente que sirve de guía por el amargo camino de la ansiedad, el estrés y la incomprensión, dejando una huella difícil de borrar que la mayoría de cineastas desearían alcanzar.

Pero, ¿qué quería expresar Aronofsky a través de esta película? Tal vez una espiral apocalíptica demasiado familiar, quizá la cíclica labor de la madre naturaleza, los fanatismos que siempre han dominado la sociedad, el declive del ser humano o, simplemente, la poderosa mente de una mujer que trata de aprender a vivir ante la pérdida. El autor deja abierta la puerta a cualquier tipo de interpretación para que el público intente encontrar su propia lógica a un metraje que no dejará a nadie impasible.

Por eso mismo, pocas películas dejan tanta huella como 'Madre!'. La sensación de sentirse perdido e intentar por todos los medios comprender lo que el realizador quiere expresar a través de tan impactante surrealismo es suficiente para que este trabajo sea calificado como una de las propuestas más valientes de la temporada. Aronofsky no duda en sacudir al espectador sin titubeos ni excesos, con una elegante niebla que inunda los sentidos y desorienta. Una cita ineludible con el auténtico cine.


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