miércoles, 11 de octubre de 2017

Bailando hacia la libertad

EXTRA!
Natalia Millán y Pau Gimeno

Uno de los platos fuertes de la escena musical mundial ha llegado a Madrid. Hablamos de 'Billy Elliot', la adaptación teatral de la archiconocida película del año 2000 dirigida por Stephen Daldry que, desde su debut en 2005 en el West End londinense, ha recorrido lugares tan dispares como Sidney, Oslo o Tokio. La productora encargada de trasladar a los escenarios españoles títulos como 'Priscilla' o 'Cabaret'SOM Produce, lleva la historia del niño que soñaba con ser un gran bailarín al Nuevo Teatro Alcalá de la capital.

Lo cierto es que el musical ya nació con todos los ingredientes necesarios para triunfar. El equipo encargado de darle vida fue el mismo que había alumbrado el film: Daldry a la dirección, Lee Hall al libreto y las letras, y Peter Darling como coreógrafo. A ello se añadió el genio de Elton John para poner música a la historia que ya había conquistado la gran pantalla. Con esta carta de presentación es fácil imaginar el vértigo que ha debido sentir David Serrano ('Hoy no me puedo levantar', 'Más de cien mentiras') hasta lograr un resultado colosal.

El espectáculo cuenta la historia de un pequeño de 11 años que vive en la ciudad ficticia de Everington, en el nordeste de Inglaterra, durante la terrible huelga del sector minero que paralizó el Reino Unido en 1984. En este entorno, Billy, del que se espera que continúe la tradición minera familiar mientras crece entre clases de boxeo, descubre por accidente la danza, arte para el que posee un inmenso talento y a través del cual tiene la posibilidad de lograr una vida próspera. Conjugar sus nuevas aspiraciones en un ambiente dominado por el pesimismo, la miseria y la brutalidad policial pondrá a pruebas todas las convenciones que se interponen entre él y la libertad.

Sobre las tablas, el escenógrafo Ricardo Sánchez recrea con exquisita sencillez los vericuetos de Everington. Con un sabor que recuerda al estilo de las mejores producciones del West End, los cuadros se suceden con una fluidez mágica entre casas, gimnasios y el frío exterior del invierno inglés en una atmósfera deliciosa que atrapa al espectador sin romper en ningún momento las intensas emociones que se liberan durante el montaje.

Ádrián Lastra, Carlos Hipólito y Pau Gimeno

A cargo de los personajes adultos brillan Carlos Hipólito como el padre de Billy, Natalia Millán como la profesora de baile, la señorita Wilkinson, y Adrián Lastra como el hermano de Billy, Tony. Mamen García enternece y provoca carcajadas como la abuela de la familia Elliot y Juan Carlos Martín se mete en la piel del carismático entrenador George, completando un reparto que luce soberbio tanto en la interpretación como en la parte más técnica del musical.

Pero, sin duda, quienes más destacan sobre el escenario son los niños, que de infantes sólo tienen la edad, ya que se echan sobre los hombros la mayor parte del espectáculo sin despeinarse. Danza clásica, claqué, canto y un sinfín de habilidades que, fruto de un tremendo trabajo, despliegan con una naturalidad emocionante. Viendo a Pau Gimeno saltar de rabia sobre las tablas es imposible no sobrecogerse como cuando Jamie Bell lo hizo en el celuloide 17 años atrás, mientras que un talentoso Beltrán Remiro hace temblar al público al encarnar la tierna relación del pequeño Michael con Billy. No es un riesgo decir que esta producción supone un gran paso en los papeles infantiles que hasta ahora se habían visto en el teatro musical español.

No sólo los pequeños son protagonistas. El baile es la esencia de Billy Elliot y Toni Espinosa se ha visto en la difícil tesitura de adaptar las coreografías que en su día diseñó Peter Darling. Tarea sobradamente superada en la que cada paso y gesto es capaz de transmitir miles de sentimientos. Si sacar adelante los movimientos de Darling es un reto, aún lo es más reproducir las partituras de Elton John, un desafío que Gaby Goldman y Joan Miquel Pérez aprueban con nota dirigiendo una orquesta impecable que toca en directo.

Todo en esta producción se pone, con dignidad pero contundencia, al servicio del carrusel emocional de una historia que rebosa delicadeza, furia y esperanza por una vida mejor. Sentimientos que parecen haber sido tenidos muy en cuenta en los dos años de ardua preparación que han precedido un estreno que va a convertir el Nuevo Teatro Alcalá en un destino obligado para los amantes del musical. Dos horas y media de espectáculo mayúsculo que dejan con ganas de más. Si estás preparado para removerte, emocionarte y salir del teatro con ganas de bailar, no dudes en acercarte a conocer a Billy Elliot.


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