viernes, 20 de octubre de 2017

Las otras caras de la maternidad

EXTRA!
'Las hijas de Abril'

En casi todas las culturas se dice aquello de que madre no hay más que una. La figura materna es un símbolo de amor incondicional, como si estuviese escrito en su ADN que un hijo fuera lo más importante del mundo, por encima incluso de una misma. La pregunta es si ocurre siempre así. A pesar de que en la actualidad se sigue manteniendo esa idea, la maternidad, o al menos su instinto, ha ido mermando, sorprendiendo los casos en los que algunas madres incluso llegan a dañar a sus hijos.

Cuestionando este tipo de temas llega a la cartelera española 'Las hijas de Abril', un film de 93 minutos dirigido por el aclamado director mexicano Michel Franco, que ya dio que hablar con su anterior título, 'El último paciente: Chronic'. Con el Premio del Jurado de uno de los festivales de cine más importantes bajo el brazo, el de Cannes, el cineasta presenta una historia familiar en la que la mujer y la maternidad se convierten en principales leitmotivs.

Valeria (Ana Valeria Becerril) es una joven de 17 años felizmente embarazada que vive sin preocupaciones con su novio Mateo (Enrique Arrizo) y su hermana mayor, Clara (Joanna Larequi). Desde el primer momento se aprecia que el contacto con su madre Abril (Emma Suárez) es mínimo. Valeria ni siquiera le ha contado que está embarazada ni tiene mucha intención de hacerlo hasta que el miedo a no poder enfrentarse a los gastos del bebé le obligan a dar el paso.

Cuando una preocupada Abril llega al municipio mexicano de Jalisco Puerto Vallarta, no parece ser esa figura autoritaria que el espectador espera, sino más bien una madre ansiosa e incluso sobreprotectora. No obstante, la película va revelando sus verdaderas intenciones mientras comienza a interferir en la vida de sus hijas.

Emma Suárez en pantalla

'Las hijas de Abril' es una película sencilla que contrasta con la fuerza de sus protagonistas. Suárez vuelve a demostrar su capacidad interpretativa dotando del nervio y la serenidad que su personaje necesita para jugar con la moralidad del espectador, dominando una naturalidad que intensifica su carácter. Al otro lado, la joven Becerril demuestra la madurez de una madre coraje que se niega a victimizarse.

El estilo minimalista del director (repleto de planos estáticos) y el análisis social quedan reflejados al comienzo de la cinta, con un ritmo en su narración que va creciendo según la historia avanza. Una fotografía sin pretensiones y la ausencia de banda sonora guían al público por un guion estudiado y costumbrista que, a pesar de no caer en el hastío, llega a caer en la simpleza.

Se trata, en resumen, de una producción correcta que difícilmente causará indiferencia. Franco continúa mostrando su habilidad para generar tensión y presentar personajes que desorientan al espectador, mientras recuerda que hay muchos tipos de maternidad. Una visión tóxica de los lazos familiares que llega a las salas este viernes 20 de octubre.


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