jueves, 2 de noviembre de 2017

El arte de Mucha en el Palacio de Gaviria

EXTRA!
Alphonse Mucha en el Palacio de Gaviria

Publicidad, carteles, Sarah Bernhardt y grandes murales. Estos cuatro conceptos están ligados a la figura del artista Alphonse Mucha tanto como su personal estilo art nouveau, que ha trascendido a nuestros días como una píldora de belleza e inspiración sin límites. De nacionalidad checa, creció bajo el mandato del Imperio austrohúngaro, del que trató de desligarse toda su vida. El céntrico Palacio de Gaviria ofrece (hasta el próximo 25 de febrero) una retrospectiva del maestro de las artes decorativas, con casi 200 obras pertenecientes a la Mucha Trust Collection.

Conocer el contexto sociohistórico de Mucha es crucial para entender su trabajo. Nacido en la segunda mitad del siglo XIX, simpatizó desde joven con las corrientes independentistas checas, aunque eso no le impidió formarse como pintor y trabajar lejos de su tierra, en Múnich y París. La exposición hace un recorrido cronológico por su biografía, plagada de anécdotas desconocidas para el gran público, desvelando los momentos clave de la vida y producción de un artista poliédrico que cultivó indistintamente la pintura, la escultura, la fotografía y el diseño gráfico.

La muestra conecta los principales puntos de la trayectoria del autor, que empezó su andadura en el París bohemio de finales del XIX, se envolvió en la fama y prestigio adquiridos por la publicidad y la cartelería, buceó por el misticismo religioso y concluyó en los albores de la Segunda Guerra Mundial, con el cultivo del patriotismo y sus reflexiones filosóficas. Aunque la selección de cartelas informativas es coherente, ilustrativa y sintética, se recomienda recurrir a la audioguía, incluida con la entrada, para ampliar la información sobre obras y momentos esenciales del creador.

A finales del siglo XIX, París se había convertido en la capital mundial del arte. Mucha aún no lo sabía, pero estaba a punto de alcanzar el reconocimiento profesional y la estabilidad económica que le acompañarían toda su vida. Sucedió a finales de 1894. La compañía teatral de la célebre actriz Sarah Bernhardt necesitaba un cartelista que ilustrara la pieza 'Gismonda' pero, en plenas navidades, la mayoría de los artistas descansaban en sus países de origen. Mucha no tenía dinero para volver a casa, así que diseñó el cartel con muy pocas esperanzas de que gustara. En contra de sus expectativas, el estilo personalísimo y rompedor del autor encandiló a Bernhardt, que contrató al pintor durante seis años.

Obras de Mucha

Un formato estrecho y alargado, en el que sólo aparece la actriz en una especie de nicho elevado, con colores pastel y motivos bizantinos. Por estos patrones artísticos se rigen los carteles para teatro de la exposición, como 'Gismonda', 'Medea' y 'Lorenzaccio', que provocaron el delirio colectivo por hacerse con una pieza del artista. Por suerte, la litografía a color que se había desarrollado en la época permitió una reproducción más económica de las obras, lo que supuso el principio de una fructífera carrera como creativo publicitario y artista de cartelería.

Algunos de los encargos más célebres que se recogen en la cita son los carteles para el papel de fumar Job, los del champán Möet & Chandon y los de Nestlé. Además, una amplia y diáfana sala expone obras emblemáticas de cartelería que siguen siendo muy solicitadas en los barrios con tradición artística de París. Las series de las cuatro estaciones, las cuatro artes y el zodiaco son un buen ejemplo. La evolución artística de Mucha, partiendo de las características descritas para el teatro, se acaba centrando en la belleza de la mujer, creando cuerpos femeninos protagonistas y sinuosos, cabellos que cobran vida propia y contornos gruesos.

La fama le hizo merecedor de importantes encargos, como las obras realizadas para la Exposición Universal de París del año 1900 que se pueden escudriñar en el Palacio de Gaviria. No obstante, el pintor se movía entre una fructífera carrera en el extranjero y un añoro a su patria, que sentía haber abandonado. Pronto puso su arte al servicio de los distintos pueblos eslavos, de manera prácticamente altruista, para contribuir a la lucha por sus libertades. La obra conmemorativa del décimo aniversario de Checoslovaquia y la realizada para el Ayuntamiento de Praga ilustran este temperamento nacionalista.

Pese a los intentos por contribuir a la prosperidad de su país, lo cierto es que pronto explotaría la Segunda Guerra Mundial y Checoslovaquia sería de nuevo invadida. Su producción se tornó comprometida con los derechos humanos de todos los pueblos, lo que se puede observar en la inquietante 'Russia Restituenda' y en el tríptico 'La edad de la razón', 'La edad de la sabiduría' y 'La edad del amor', un inconcluso último llamamiento al sentido común frente al auge del nazismo que pone el broche final a una retrospectiva imprescindible. 


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