lunes, 29 de enero de 2018

El Buda Feliz se reinventa

EXTRA!
El Buda Feliz 1974

Elegir un restaurante en el océano de propuestas que ofrece la capital puede llegar a ser una misión peliaguda. El sector, que vive una evolución continua con aperturas cada semana, vive un momento álgido en el que el comensal puede decantarse por infinitas posibilidades gracias a lo que algunos denominan una burbuja de calidad. La reinvención de espacios es una constante, con conceptos como la cocina creativa, el formato prêt-à-porter y las tapas contemporáneas a la orden del día.

A esas ganas de sorprender al cliente se suma un local mítico en las proximidades de la Plaza de la Luna, famoso por ser el primer restaurante chino que abrió en España, allá por 1974. El Buda Feliz (C/ Tudescos, 4) se alía con el joven chef Yong Ping Zhang (Julio para los amigos), que tras revolucionar los fogones de instituciones como Soy Kitchen se atreve a presentar originales platos de comida callejera del país asiático, muchos de ellos desconocidos para el público español, ejerciendo como asesor gastronómico.

El establecimiento, que hace más de cuatro décadas abrió el camino que estaba por venir de Oriente, se convirtió en todo un clásico gracias a su decoración particular, al amable personal y a las especialidades que hoy en día se encuentran en cualquier restaurante chino de batalla. A los bocados sorprendentemente creativos del renombrado Buda Feliz 1974 se suma una decoración inspirada en la frondosa vegetación de la ciudad de Shangri-La, gracias al trabajo exquisito del estudio LAVELA.

Juego de luces en El Buda Feliz

Reformado íntegramente, las amplias cristaleras siguen llenando de luz un local de dos pisos en el que hay sitio para 75 comensales. Mientras que en su planta baja se atiende a la terraza desde una gran barra, en la parte de arriba es un gusto sumergirse en una atmósfera cálida en la que recuperar la tranquilidad tan ansiada en una ciudad llena de energía. Las paredes empapeladas de distintos colores, las grandes lámparas tipo farolillo y los espacios rodeados de plantas se sitúan junto a una cocina a la vista del cliente en la que siete cocineros preparan verdaderos manjares.

Y es que aquí no se pide ni arroz tres delicias ni rollitos de primavera, sino tiras de medusa, pollo y pepino servidas con vinagre chino, jengibre y sésamo (Wen Ban Ji Si Zhe Pi) o  fideos de arroz con espinacas y setas, aliñados con vinagreta de frutos secos y aceite de sésamo (Ba Bao Ban Po Cai). No hay que temer ni por la mezcla de ingredientes ni por el tamaño de las raciones. Los amantes de los caldos encontrarán cobijo en las sopas wontong con los típicos buñuelos rellenos de carne o en la agripicante con tiras de pechuga de pollo y cerdo.

Las empanadillas chinas (dim sum) embelesarán a quienes se decanten por uno de los platos estrella del local, con variedades como las suaves gyozas de cordero o los tiernos shaomai rellenos con arroz gelatinoso. A la parrilla de carbón se preparan brochetas de pollo o de oreja, mientras que el amor por la pasta se sacia con opciones como unos gustosos tallarines artesanos que se acompañan con carne de cerdo, setas y verduras al wok.

Los platos de El Buda Feliz

Entre las carnes, el personal recomienda el crujiente pato laqueado Chuan Yi Kao Ya, que acompañado de ciruela japonesa, soja, crepes de indu, pepino marinado y daikon se convierte en una nueva forma de degustar un plato que llega a la mesa con un auténtico despliegue de medios. Avisamos: mejor para compartir. Los langostinos, el cangrejo y la lubina con mejillón convencerán a los que opten por los milagros del mar. Se agradece, por otra parte, que los platos puedan adaptarse al cliente vegetariano, retirándole (sin reticencias) ingredientes para que pueda disfrutar de la misma experiencia. Para él, más que recomendable el tofu sobre piedra caliente con almendras, agripicante y albahaca (Shi Pan Dou Fu).

A la hora de los postres, la tarta de chocolate picante y helado de cacahuete es toda una sorpresa, mientras que los crepes de calabaza crujiente con miel de lima y helado se plantean como una forma suave con la que cerrar la velada. Respecto a la carta líquida, una veintena de vinos (una decena de ellos con posibilidad de servirse por copas) y cervezas chinas como la Tsingtao prometen buena compañía, al igual que una serie de cócteles (entre 6 y 8 euros) perfectos para inaugurar la noche.

Dos menús degustación (25 y 35 euros) triunfan entre los que ya han dado el visto bueno al cambio experimentado por el buda optimista. Con un precio medio de 25 euros por persona y un horario de cocina que arranca a mediodía, la de El Buda Feliz 1974 es una buena oportunidad para probar la auténtica comida china en versión street food, donde la fusión y las recetas de la abuela combinan a la perfección con un ambiente ideal para acudir con amigos o con esa persona que hace que se pare el tiempo.

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