martes, 20 de marzo de 2018

La alargada sombra del Holocausto

EXTRA!
Exposición de Auschwitz en Madrid

Auschwitz es la representación del horror por excelencia: la huella más conocida de un genocidio que dejó más de 11 millones de personas asesinadas en toda Europa bajo el temible y retorcido imperio nazi. Un pedazo de nuestra historia reciente que muchos supervivientes han luchado por mantener vivo en la memoria colectiva para que no ocurra un nuevo desastre. En este esfuerzo por evitar que la tragedia se pierda en el olvido se enmarca la exposición 'Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos', que se aloja en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid hasta el próximo 7 de octubre.

La exhibición ha sido concebida por la compañía española Musealia, en estrecha colaboración con el Museo Estatal Auschwitz-Birkenau y gran cantidad de entidades internacionales, en un intento por trasladar la experiencia de la visita al complejo de Auschwitz-Birkenau hasta la capital española. Un recorrido a lo largo de 25 salas que parte desde los orígenes del pequeño pueblo de Oświęcim hasta la liberación del campo de concentración por las tropas soviéticas el 27 de enero de 1945.

Más de 600 piezas originales constituyen el testimonio silencioso pero contundente de lo acontecido. La exposición retrata la Europa de principios del siglo XX y la situación del pueblo judío en un mundo que exorcizaba sus fantasmas a través de una xenofobia furiosa. Pretende así hacernos ver que, lejos de ser una catástrofe aleatoria, el auge de la locura nazi proviene de una nación que, envuelta en la miseria, decidió buscar la salida en el odio al prójimo. Como nos explicó el superviviente Noah Klieger, todo lo que los nazis hicieron lo habían dejado por escrito mucho antes y sólo fue posible ante la connivencia de todos. Hacerse los sorprendidos no es una opción.

La muestra profundiza en la construcción del campo dentro del plan con el que los nazis pretendían convertir a los que consideraban razas inferiores en mano de obra esclava para su guerra total. También se explica cómo, cuando era evidente que la derrota estaba al caer, Heinrich Himmler y sus SS, encarnando lo más execrable de la esencia nazi, decidieron trasladar a los millones de presos de la periferia, la mayoría de ellos judíos, hacia los campos del interior para ejecutarlos de las maneras más horribles imaginables: la Solución Final, el crimen definitivo con el que cargamos en la memoria.

Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.

La cita no se compone sólo de objetos, fotografías y pertenencias de las víctimas y los verdugos de Auschwitz. También abundan los testimonios por escrito y en vídeo de los supervivientes y los ejecutores, explicando con total normalidad la atrocidad de los crímenes que cometieron o propiciaron.

Aunque el trayecto se hace de forma lineal, lo cierto es que las diferentes salas envuelven al visitante con constantes ramificaciones que salen y entran del tronco central del recorrido: el Holocausto del pueblo judío a manos de los nazis. Recovecos, sublecturas, rincones, testimonios paralelos… un mosaico cargado de emociones y gravedad que constituye una llamada a la introspección, a la reflexión, al recuerdo de cómo el odio lleva, indefectiblemente, a la destrucción.

Visitar la exposición no es fácil. La sublimación del dolor que supone, como símbolo y como realidad, atrapa y atenaza. Aunque los organizadores recomiendan dos o tres horas para disfrutar de la muestra, el recorrido puede requerir fácilmente más de cuatro. No se puede saltar de un testimonio a otro con ligereza. A pesar de la sobriedad y el respeto que los organizadores han puesto, cada voz es la representación de una verdad demasiado terrible para ser cierta.

A pesar de ello, es una visita que no se puede dejar de recomendar. Según avanza el tiempo, parece cada vez más fácil olvidar que hace muy poco permitimos que la civilización escribiese la página más sangrienta de su historia. En una época donde los peores populismos reaccionarios cargan sus discursos de racismo, intolerancia y violencia, es necesario recordar a dónde nos lleva ese mismo camino. Por eso Auschwitz es necesario. Por eso es necesario su testimonio. El crimen y la destrucción que emanan del odio nunca tiene sentido, pero al menos debería servir para evitar que se repita.


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