viernes, 29 de junio de 2018

Cuidar con dignidad, el reto posible

EXTRA!

Vivimos en una sociedad envejecida. Esta es una afirmación que pocos pondríamos en duda. La población mayor de 65 años aumenta proporcionalmente año a año. Cada vez vivimos más y eso nos ha situado en escenarios desconocidos hasta ahora. Las familias se enfrentan a seres queridos que ven mermadas sus capacidades físicas y mentales, y pese a la voluntad de todos de cuidar a aquellos que amamos, las situaciones a menudo se vuelven insostenibles. Los cuidados pasan de acto de amor a obligación y de ahí a sufrimiento para todas las partes implicadas. Ante este retrato, ¿es posible una alternativa?

Eso es lo que se plantea la doctora Ana Urrutia, autora de 'Cuidar. Una revolución en el cuidado de las personas' (Ariel, 2018). Geriatra de formación y vocación, Urrutia acumula una dilatada experiencia planeando el cuidado de ancianos en centros médicos y residenciales. Según ella misma relata, llegó un punto en el curso de su carrera en que empezó a mirar con otros ojos una de las prácticas por entonces más habituales para lidiar con este tipo de pacientes: las sujeciones. Atados a camas y sillones 'por su propio bien'.

Fue entonces cuando comenzó una investigación sobre cómo afrontaban esta realidad en otros lugares y descubrió que había alternativas. Poco a poco, con pequeños proyectos muchas veces centrados en un solo paciente, Urrutia fue probando distintos modos de evitar caídas y accidentes sin recurrir a las indignas cuerdas y arneses. La receta: conocer al paciente, su biografía, sus preferencias, su rutina… e intentar integrarlo en su día a día en la residencia.

Cuidados dignos

Sobra decir que no fue un camino de rosas. La geriatra va desgranando en los diferentes relatos del libro los obstáculos a sortear. Hacer comprender a los equipos de profesionales que un cambio en la forma de ver el cuidado es necesario. Consensuar con las familias hasta dónde se va a llegar y qué se pretende con estos planes. Fracasar y persistir con algunos ancianos especialmente complejos por unos u otros motivos.

Todo ello sin perder de vista el objetivo fundamental: que no se pierda la dignidad en la última etapa de la vida. Este es el hilo conductor del trabajo de Urrutia y la idea que impregna su obra, literaria y profesional. Y eso es lo que intenta trasladar con una maestría digna de admirar. Cuidar desde el amor pasa por esforzarse en preservar su dignidad al máximo. Teniendo esto claro, otra forma de acompañar la senectud, por difícil que esta sea, es posible.

El trabajo de Ana Urrutia se centra, fundamentalmente, en entornos residenciales geriátricos. Sin embargo, la revolución de los cuidados que vive la sociedad va más allá de estos centros. Sin ir más lejos, en la capital se ha puesto en marcha la iniciativa 'Madrid, Ciudad de los Cuidados' por parte del Gobierno local para intentar que el propio municipio tenga el cuidado como centro de la vida de sus ciudadanos, creando programas y espacios que faciliten esta tarea.

Senda de Cuidados

También más allá de lo institucional, otros grupos como 'Senda de Cuidados' luchan porque los cuidados pasen de esa zona informal e invisible de nuestra sociedad y que estos trabajadores, la mayoría mujeres y migrantes, sean reconocidos en todos los aspectos para poner en valor la importancia que su empeño tiene en nuestra sociedad.

Navegando más profundo, las iniciativas y grupos en distintos barrios son incontables. Desde centros sociales como La Tabacalera, La Villana o La Ingobernable se gestan proyectos para ayudar al cuidado de los más pequeños, dar herramientas a los migrantes o trabajar con los más ancianos. Las asociaciones de vecinos, agrupadas en la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid, siguen una labor desde los años 60 por dignificar las condiciones en que los ciudadanos pueden trabajar, vivir y ahora también cuidar.

En definitiva, 'Cuidar. Una revolución en el cuidado de las personas' es una ventana más por la que asomarnos a ese mundo que permanece escondido, acaso deliberadamente, y que sin embargo impregna, cada vez más, todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. Un conjunto de relatos sinceros y tiernos pero no por ello menos duros que pretenden ilustrar que el 'siempre se ha hecho así' no es suficiente y que ante familiares, compañeros y vecinos que cada vez se encuentran en situaciones de mayor fragilidad es necesario sobreponerse y pensar. Pensar para conocer de verdad a esas personas y poder brindarles aquello que querríamos para nosotros mismos: ser cuidados con dignidad.


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