viernes, 26 de abril de 2019

Los últimos años de Oscar Wilde

EXTRA!
Rupert Everett como Oscar Wilde

Este viernes 25 de abril llega a las pantallas españolas 'The happy prince' (desafortunadamente traducida como 'La importancia de llamarse Oscar Wilde'), el debut como director del famoso actor británico Rupert Everett, premio a la mejor ópera prima en los Satellite Awards. En él se narran los tres últimos años del prestigioso escritor irlandés, vagando por hoteles de Francia y atormentado por el estigma que la sociedad victoriana le impuso a causa de sus relaciones homosexuales. 

Se trata de un proyecto muy personal de Everett. Después de años intentando obtener la financiación necesaria, el intérprete ha logrado que la cinta, de 105 minutos, por fin vea la luz. Él mismo se pone al frente de este biopic como director, guionista y protagonista, arriesgando buena parte de su prestigio y talento con un resultado que, por desgracia, resulta desigual en su conjunto.

No cabe duda de que el personaje de Oscar Wilde está hecho a la medida del británico. Su interpretación despliega con maestría los sutiles toques de soledad y lamento de un hombre envejecido y cargado de golpes y culpas, a la par que muestra su sensibilidad y genio literario. Parece que estemos delante del auténtico poeta, no sólo del ingenioso dandy victoriano que conocemos a través de sus famosos aforismos, sino de la persona que intentó buscar su lugar en la rígida Inglaterra de finales del siglo XIX, con trágicos y devastadores resultados.

Y aquí terminan los aciertos del largometraje. El guion resulta a menudo plano, apenas despegándose de lo anecdótico y biográfico, sin llegar a entrar en el profundo y bello lirismo que impregnó la vida y la obra de Wilde. No puede uno dejar de preguntarse dónde reside lo literario en un texto que se sumerge en el corazón de uno los más grandes escritores contemporáneos.

La importancia de llamarse Oscar Wilde

El resto del reparto, aunque se compone de nombres de altura como Colin Firth, Emily Watson o el joven pero prometedor Colin Morgan, queda reducido a un mero esbozo. Ninguno de los personajes, pese a haber sido centrales en la biografía de Wilde y en sus sufrimientos personales, llega a adquirir entidad suficiente. Apenas parecen la excusa para las disertaciones del viejo escritor, que en este contexto quedan despojadas de su auténtica motivación.

Pese a que todo ello podría hacernos pensar que se trata de un ejercicio de puro preciosismo, tampoco la técnica acompaña. La iluminación, si bien a veces acertada a la hora de recrear los ambientes decadentes y sofocantes de una Francia hostil, en otras ocasiones no alcanza la intencionalidad suficiente, haciendo la narración incoherente y hasta confusa.

Todo el cariño y el esfuerzo que Rupert Everett pone en la cinta parece desdibujarse al quedarse demasiado cerca de los afectos y fetiches del director, más alejado de todas las dimensiones, complejas y contradictorias, que entretejen la vida del escritor. Magistral en su acercamiento a la soledad, el fracaso y el estigma que surgen al chocar un alma artística con la rigidez social de su época, se echan en falta la ironía y el ingenio que siempre fueron marca de Wilde. Un humor cáustico que le sirvió para escapar de los sinsentidos de sus contemporáneos y que ha sido extirpado en la película, pudiendo haber añadido una dimensión muy interesante a la historia.

Si bien llega a llamar la atención sobre la parte más personal del autor, 'La importancia de llamarse Oscar Wilde' falla en su intento de hacer de su biografía un expositor de los temas universales. Un colosal proyecto que se disfruta porque se nota la pasión de su creador, pero que se queda en el intento de hacer de Wilde un icono universal, un referente del sufrimiento que surge de las vidas y pasiones cuando son coartadas por las normas de las sociedades en que tienen lugar.


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