viernes, 27 de septiembre de 2019

¡Que esto es fascismo!

EXTRA!
'Mientras dure la guerra' de Alejandro Amenábar

El 29 de septiembre del año 1864 nacía en la calle de Ronda del viejo Bilbao uno de los grandes nombres de la Generación del 98, el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno, responsable de obras mayúsculas de las letras hispanas como 'Niebla', 'Abel Sánchez' y 'San Manuel Bueno, mártir'. Diputado durante la República y rector de la Universidad de Salamanca en tres ocasiones, mucho se ha hablado de cómo en el verano de 1936 decidió apoyar públicamente la rebelión militar que prometió traer orden a la convulsa situación española. De sus decisiones, consecuencias y contradicciones trata 'Mientras dure la guerra', la valiente película de Alejandro Amenábar que llega este viernes 27 de septiembre a la cartelera.

Dejando a un lado las críticas de quienes nunca entenderán que revisar en el audiovisual uno de los periodos más dolorosos de un país es necesario para reconciliarse con la memoria de un pueblo que sigue enfrentándose por sus símbolos y por llamar a los criminales por su nombre, Amenábar entrega una pieza soberbia de 105 minutos en la que poco hay que reprochar a un guion extraordinario que ha reposado tres años en un cajón hasta llegar en el momento justo, cuando la ultraderecha vuelve a tener representación política y millones de personas no son conscientes de la responsabilidad de darles alas en las urnas y en los medios, a ellos y a quienes les tienden la mano. Que esto es fascismo: igual que en Italia y en Alemania, recuerda uno de los discursos más poderosos de la cinta.

Tras el estreno de 'Regresión' en 2015, Amenábar apuesta por una historia sobre la identidad y el derecho a equivocarse con claras alusiones al presente, algo evidente en escenas en las que unos pocos hombres son incapaces de ponerse de acuerdo a la hora de interpretar la misma canción ante una bandera o cuando el enfrentamiento de las dos Españas se produce con la misma vehemencia y argumentos que en la actualidad. Brillante recurso el alejamiento progresivo de la cámara en ese instante, que plantea que quizá ese camino no nos lleve a ninguna parte.

Intensas horas de caracterización sirvieron para que un irreconocible Karra Elejalde se meta en la piel de Unamuno en una interpretación magistral en la que el dominio del lenguaje corporal es clave, lo mismo que en el caso de Santi Prego como un hermético Franco y de Eduard Fernández en el papel de un histriónico Millán-Astray. Hay poco que reprochar a un trío de ases que en ningún caso cae en la caricatura. Hasta seis meses trabajó Prego en la preparación de un personaje que no busca una parodia, sino el reflejo de su psicología y apariencia delicada, algo en lo que tienen que ver sus problemas de dicción y timidez, tras lo que acaba revelándose su verdadero ser.

Eduard Fernández y Santi Prego

La destitución de Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca por parte del gobierno republicano coincide con el inicio de una exitosa campaña por parte del general Franco para sumar sus tropas al frente sublevado con la esperanza de hacerse con el mando único de la guerra. Cuando se empieza a producir el encarcelamiento de algunos de sus amigos, Unamuno reacciona hasta llegar al momento cumbre, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, donde se enfrenta a Millán-Astray durante el Día de la Raza, tras lo que se recluirá en su casa de la calle Bordadores, bajo vigilancia policial, falleciendo de un infarto dos meses después.

Para acercarse con veracidad a los hechos históricos, Amenábar contó con la asesoría del prestigioso historiador y catedrático Julián Casanova y del incansable trabajo de documentación del coguionista Alejandro Hernández, consultando innumerables fuentes bibliográficas sobre la figura del escritor, así como testimonios de la época, acotando qué se dijo y qué no en un acto en el que si hay algo evidente es el golpe sobre la mesa de Unamuno ante la barbarie del fascismo. El trabajo de vestuario de Sonia Grande y la fotografía de Álex Catalán serán seguramente reconocidos en los próximos Goya, lo mismo que una banda sonora de la que se ha encargado el propio Amenábar.

Hablamos, en definitiva, de una cinta necesaria y riquísima en su narrativa que plantea al espectador un problema de identidad con el que carga hoy en día todo un país, sin olvidarse de la importancia de ser consecuentes y del derecho de evolucionar como seres humanos. Los letreros finales y la bandera que cierran al largometraje lanzan una pregunta al aire: ¿qué hacemos como país a partir de ahora? Un dardo que apunta al centro de la diana en tiempos en los que nuestros políticos cargan con la etiqueta de indecentes por sobradas razones.


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