miércoles, 17 de junio de 2020

Una realidad solarpunk para un Madrid más verde

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La pandemia de coronavirus que estamos viviendo es lo que en sociología se ha denominado un hecho social total, es decir, un fenómeno que pone en juego la totalidad de las dimensiones de lo social. Además, como han señalado científicos y organizaciones de la talla de Ecologistas en Acción, la aparición de enfermedades como la COVID-19 muestran un claro vínculo con la pérdida de biodiversidad, y se apuntan como las tres principales causas de este tipo de enfermedades emergentes la deforestación y los cambios en el uso del suelo, la agricultura industrial (destinada en su mayoría a la alimentación de ganado) y el comercio y el transporte internacional.

Esto nos sitúa en un escenario en el que resulta ineludible abordar de una vez por todas ambas crisis de forma conjunta ya que, además, el coronavirus ha puesto de manifiesto las numerosas ineficiencias de nuestro sistema, algo que llevan señalando mucho tiempo científicos y ecologistas. Un rediseño de las ciudades es algo esencial en ese nuevo futuro, como establece Greenpeace en su informe 'Las ciudades en un mundo post-COVID', lo que implica revisar las relaciones con el mundo rural y la naturaleza en general. Como dice la escritora y veterinaria rural María Sánchez, en muchos aspectos esa nueva concepción de las ciudades no deja de ser un intento de reproducir la vida en comunidad y en contacto con la naturaleza de los pueblos.

¿Y qué pinta el solarpunk en todo esto? Se trata de un subgénero de la ciencia ficción, pero también define un movimiento cultural y activista que busca imaginar mundos en los que una civilización es verdaderamente sostenible y cómo se podría alcanzar ese punto. Frente a las distopías a las que estamos acostumbrados, el solarpunk intenta aportar soluciones para que no terminemos cayendo en una profecía autocumplida. Justo la mentalidad que necesitamos en este momento. Pero, ¿qué podemos aportar desde Madrid para construir esa realidad más verde y sostenible? Lo cierto es que en la ciudad ya existen muchas opciones por las que nos podemos decantar, así como son numerosas las medidas políticas que se podrían adoptar. Vamos a repasar algunas de ellas:

Comenzando en el terreno de la movilidad, una de las necesidades más importantes es que durante esta nueva normalidad se refuerce el transporte público, haciéndolo seguro y accesible para evitar que muchas personas terminen confinadas en sus coches. Para ello, ante la reducción temporal del aforo en transportes colectivos, será indispensable la implantación de nuevos carriles bus, así como reforzar el servicio de bicis y apuntalar proyectos tan importantes en la reducción de la contaminación como Madrid Central.


Además, como ciudadanos podemos contribuir replanteándonos nuestros desplazamientos diarios. Una buena forma de hacerlo es utilizar una regla sencilla que ha comentado en alguna ocasión el nutricionista Aitor Sánchez: siempre que sea viable ir caminando a tu destino y no vayas a ahorrar más de 10 minutos tomando algún transporte, escoge la opción de caminar. Acordémonos de lo que hemos disfrutado durante el confinamiento de los paseos e intentemos implementar este hábito saludable en nuestras vidas.

El informe de Greenpeace también señala como algo esencial para lograr esta transformación llevar a cabo una nueva concepción de las ciudades que sitúe los barrios y distritos como eje central de planificación, con vías peatonales, aceras más amplias y más espacios verdes. El objetivo es dotar a los ciudadanos de todos los servicios esenciales y que necesitamos para nuestra vida diaria a una distancia máxima de 15 minutos de paseo. Esta propuesta, de hecho, ya fue presentada a principios de 2020 por el Ayuntamiento de París bajo el proyecto 'La ciudad en un cuarto de hora', buscando generar comunidad al mismo tiempo que se reducen los desplazamientos en coche de los ciudadanos.

Otro de los puntos clave es la reducción del consumo, apostando de forma decidida por un consumo sostenible, de segunda mano, reutilizable y reparable. Para ello, además de demandar políticas públicas que prohíban los envases de un solo uso o el pago por generación de residuos, también podemos contribuir de forma personal. Por ejemplo, en un momento en el que el coronavirus ha vuelto a hacer resurgir los plásticos de un solo uso, es importante recordar que los profesionales sanitarios no recomiendan el uso de guantes y que siempre podemos optar por mascarillas reutilizables de tela que podemos hacer en casa o comprar en sitios como El Tenderete, en el que las producen siguiendo las indicaciones del Ministerio de Sanidad.

Además, habituarnos a realizar compras a granel evitando un gran número de envases es cada vez más fácil en la capital, con ejemplos de establecimientos como Jabón a Granel, que comercializa todo tipo de detergentes y geles para limpieza personal y del hogar en tiendas situadas en Lavapiés, Ventas o La Latina. Por otro lado, Casa Ruiz Granel está enfocado en productos como legumbres, arroces, pastas, cereales, especias o frutos secos y cuenta con establecimientos en Goya, Delicias, Moncloa o Cuzco, pero existen muchas otras opciones de comercio a granel como El Granel de Corredera o Pepita y Grano y, por supuesto, todos los mercados tradicionales.


También cabría destacar en este punto iniciativas como los Repair Café, espacios en los que voluntarios enseñan a arreglar aparatos electrónicos y electrodomésticos para combatir la obsolescencia programada que limita la vida útil de los productos. En Madrid su sede se encuentra en el Medialab-Prado (Atocha) Otra posibilidad es apoyar el consumo de segunda mano, para lo que además de acudir a tiendas de este tipo, como Tuuu Librería, también sería interesante que mercadillos al aire libre tan emblemáticos como El Rastro recuperasen su esencia original como mercados de segunda mano.

La alimentación es otro de los grandes pilares mediante los que crear un mundo más sostenible, además de uno de los sectores en los que más impacto podemos tener. A nivel de políticas públicas hay muchas medidas que se deberían poner sobre la mesa. Algunas son garantizar que la compra pública de alimentos incentive el consumo interno de productos ecológicos, locales y de temporada; la creación y distribución de una cesta básica de este tipo de alimentos dirigida a familias vulnerables (en contraposición a la nefasta gestión de los menús de Telepizza para los niños con beca comedor durante la cuarentena); el apoyo y promoción de mercados municipales como el de San Fernando en Lavapiés o el de Maravillas en Tetúan; la lucha contra el desperdicio alimentario y el impulso de una agricultura urbana y periurbana local y sostenible.

También está la posibilidad de participar en un grupo de consumo, formado por un conjunto de personas que se unen para adquirir los productos que consumen directamente del productor, con la idea de que estos sean locales y de temporada. Por ejemplo, La ecomarca es una red de distribución de productos ecológicos que trabaja con grupos de Lavapiés, Guindalera o Puerta del Ángel, pero también con los de otros puntos de la comunidad como Moralzarzal, Colmenar Viejo o Fresnedillas. Además de ponerte en contacto con el grupo de consumo de tu área, si en tu zona no existe ninguno también te ayudan a crearlo.

Asimismo, existen interesantes iniciativas de huertos urbanos en la región: en la Red de Huertos Urbanos Comunitarios de Madrid son ya 55 los espacios en funcionamiento autogestionados, cuyas parcelas son cedidas por el Ayuntamiento. Una labor especialmente importante en el impulso de la agricultura urbana la realiza el Centro de Educación Ambiental El Huerto del Retiro, situado en este parque y que, durante esta crisis, ha estado realizando cosechas solidarias junto al Banco de Alimentos destinadas a los hogares más afectados por la pandemia.


Otro de los modos que se están demostrando más efectivos a la hora de disminuir nuestro impacto en el medio ambiente es reducir la ingesta de alimentos de origen animal en nuestra dieta, y la capital nos ofrece un montón de restaurantes con deliciosos menús y platos veganos o vegetarianos, saludables y sostenibles. Desde La EncomiendaEl Perro Gamberro, pasando por Vega, la Oveja Negra o Distrito Vegano, así como el restaurante japonés Hokkaido, con menús de sushi veganos o vegetarianos, o la cadena Honest Greens, con uno de los falafeles más ricos de la ciudad.

En el ámbito de la energía, las necesidades políticas se focalizan en la inversión pública y en la necesidad de apoyos para mejorar la eficiencia energética de los edificios, con especial atención a los colectivos más vulnerables, además de la contratación de energías renovables para edificios e instalaciones públicas y del impulso y desarrollo del autoconsumo individual y colectivo. En este sentido sobresalen las cooperativas energéticas comercializadoras de energía 100% renovable, entre las que se encuentran Som Energía, GoEiner o La Corriente, esta última pionera en la región, a las que podemos contratar nuestra corriente eléctrica.

Por último, es importante destacar lo necesario de la concienciación y el aprendizaje sobre la naturaleza y las formas de reducir nuestro impacto en ella. En este aspecto realiza una estupenda labor La Casa Encendida, con numerosas actividades para reflexionar acerca de estos temas y que durante todo este año ha llevado a cabo un ecoclub de lectura que esperemos se renueve de cara a futuras ediciones. También hay que mencionar el trabajo de la red de Centros de Educación Ambiental de la comunidad, con espacios que visitar con toda la familia en el Hayedo de Montejo, El Escorial o en la laguna de El Campillo (Rivas Vaciamadrid), porque siempre es necesario seguir aprendiendo y reforzando nuestro vínculo con la naturaleza.

Es cierto que hay muchas medidas que dependen de las administraciones, pero en manos de los ciudadanos queda la posibilidad de ir un paso más allá del hecho de apoyar a aquellos proyectos políticos orientados en base a estas medidas. Como decía la teórica del urbanismo Jane Jacobs, "las ciudades tienen la capacidad de proveer algo para cada uno de sus habitantes sólo porque y sólo cuando son creadas para todos". Quizá habría que añadir un y por todos. Juntos podemos lograr que ese género de la ciencia ficción que busca imaginar futuros en los que se logre una sólida armonía con la naturaleza y la sostenibilidad del planeta se parezca cada día más a nuestra realidad.

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