lunes, 5 de julio de 2021

La vida a otro ritmo en El Hotelito

 EXTRA!

La primera sensación que uno tiene cuando llega a El Hotelito es la de estar en un cuento de hadas. A orillas del río Alberche, en la Reserva Natural del Valle de Iruelas y Sierra de Gredos, existe un lugar en el que se detiene el tiempo, se ralentizan los pensamientos y el segundero del reloj avanza más despacio.

Seas amante del senderismo, necesites una desconexión urgente del ritmo imparable que nos imponen las grandes ciudades o si simplemente buscas sorprender a alguien a pocos kilómetros de ciudades Patrimonio de la Humanidad como Ávila, Salamanca, Segovia o Toledo, este es probablemente tu mejor destino.

En medio de un remanso de naturaleza, entre montañas, bosques y el pantano de El Burguillo, se alza el primer hotel con denominación agrochic, respetuoso con el medioambiente sin que eso suponga dejar de lado el confort que a todos nos gusta sentir cuando viajamos, ese placer que en los últimos tiempos casi olvidamos. Situado en el bonito pueblo de Navaluenga, El Hotelito está regentado por Cándido y Christina, un amabilísimo matrimonio (él de Madrid y ella de Copenhague) que hace ya 10 años apostó por proponer otro tipo de turismo, uno en el que la luz, el silencio y el mimo por los detalles se convierten en elementos clave.

Después de cuadrar agendas, dos compañeros de este mismo medio tuvimos la oportunidad de pasar un fin de semana inolvidable en sus instalaciones, en donde pudimos disfrutar de sus amplias habitaciones, su jardín y su piscina, además de una visita por el club hípico que forma parte de un enclave privilegiado a 100 kilómetros de Madrid en el que leer junto al calor de la chimenea o cenar en su restaurante con aires italianos y franceses, en el que recomendamos encarecidamente hacer una parada y pedir una cerveza Raíz Cuadrada junto a uno de los quesos de Elvira García, productos artesanales de Ávila con los que el hotel colabora.

Con apenas 14 habitaciones que en su mayoría cuentan con terraza o jardín privado, el ambiente relajado está asegurado, siendo el alojamiento con desayuno la opción más habitual. En él, los productos artesanales y de proximidad abundan, con productos como huevos ecológicos y dulces muy diferentes en su sabor y frescura a los que estamos acostumbrados a consumir en las grandes ciudades.

Con una preciosa decoración en la que predominan la madera y el hierro, El Hotelito es sinónimo de serenidad y descanso. Los dibujos de aves enmarcados del ornitólogo Nacho Sevilla tampoco pasan desapercibidos. Y como rural no significa falta de medios, entre el equipamiento de sus cuartos con inspiración nórdica se incluye el aire acondicionado y la calefacción individual, televisores con pantalla plana, wifi gratuito, secador de pelo y unos edredones nórdicos de los que te costará salir. Además, la luz natural impregnará tu habitación desde primera hora de la mañana gracias a los grandes ventanales (que van del suelo al techo) que cambian las paredes por una vista a la naturaleza que ensanchará tus pulmones. Por cierto: si convives con animales, aquí siempre serán bien recibidos por un pequeño suplemento.

Acostumbrados a complementar las estancias de sus afortunados clientes con actividades como cursos de fotografía animal, catas de vino, alquiler de bicis de montaña para paseos por el campo o reservas de vela para navegar por el Burguillo, El Hotelito demuestra habitualmente su carácter polivalente con la acogida de encuentros como reuniones, talleres, cursos o formaciones con reservas adaptadas a todo tipo de necesidades, habiendo trabajado con marcas de la talla de Ikea, Lush o Royal Canin.

En definitiva, una apuesta por el turismo consciente en el que volver a conectar con la naturaleza y con uno mismo en un lugar en el que te harán sentir como en casa mientras contemplas las montañas, te emocionas con la puesta de sol y disfrutas de las constelaciones. ¡Una experiencia de las que no se olvidan!


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