jueves, 4 de noviembre de 2021

'A Chorus Line': un milagro en la cartelera

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'Hay un antes y un después de A Chorus Line. Este fue el musical que cambió el paradigma de Broadway para siempre'. Quien firma estas palabras es Antonio Banderas, uno de los actores españoles más queridos de las últimas décadas, encargado junto al Teatro del Soho CaixaBank y a John Breglio de traer – por fin – a la capital un musical que triunfó en la meca del género en los años 70, donde se mantuvo en cartel durante 15 temporadas con una reflexión sobre los sueños de los actores y sus sacrificios que, en 1985, llegó al cine, con un Michael Douglas en la piel de un estricto coreógrafo al frente de un casting para una obra de Broadway.

Concebido, dirigido y coreografiado originalmente por Michael Bennett, con libreto de James Kirkwood y Nicholas Dante, música de Marvin Hamlisch y canciones de Edward Kleban, la producción ganó nueve premios Tony y el Pulitzer antes de enamorar a Banderas, promotor, impulsor y creador del Teatro del Soho CaixaBank malagueño, donde a finales del 2019 se disfrutó de un espectáculo que en Madrid cuenta con 26 intérpretes y una deliciosa orquesta de 15 músicos en directo, bajo la dirección musical de Arturo Díez-Boscovich.

El Teatro Calderón acoge una producción estrenada el pasado 8 de octubre en la que el gran actor Manuel Bandera ejerce de director de casting frente a un grupo de personas que han decidido entregar su vida a los escenarios. No hablamos de los actores que coparán los primeros planos de los carteles, sino de aquellos que constituyen el coro, la chorus line, arropando a los protagonistas desde un segundo plano.

Las dos horas y media de espectáculo, sin intermedio, que configuran el montaje sumen en un absoluto goce a los amantes de las artes escénicas que no se dejan engañar por la pomposidad con la que a menudo se envuelven las producciones musicales para impresionar a los asistentes. En 'A Chorus Line' lo que vibra y se cuela en el corazón del público es el hecho teatral, la verdad más absoluta (y desnuda) que surge del actor a través de su interpretación y talento. No se necesitan cambios de vestuario ni golpes de efecto. La historia honesta de cada personaje, los motivos por los que han llegado a ese casting y sus sueños son suficiente. Eso y unos actores que brillan por separado y como parte del conjunto.

El espectador viaja a un teatro neoyorkino, donde una audición para una nueva producción musical sirve como pretexto para conocer la historia de sus 17 candidatos: Mike Costa, Bobby Mills, Sheila Bryant, Bebe Benzenheimer, Maggie Winslow, Kristine Urich, Al DeLuca, Mark Anthony, Connie Wong, Diana Morales, Don Kerr, Judy Turner, Richie Walters, Greg Gardner, Cassie Ferguson, Val Clark y Paul San Marco. De todos ellos deben salir los cuatro chicos y cuatro chicas que acaben sumándose al espectáculo. Zach, el director del casting, les pide uno a uno que se presenten. Es entonces cuando asistimos a una catarsis de emociones, bellísimas composiciones, medidísimas coreografías y el descubrimiento de personalidades muy dispares a las que une una misma pasión: las tablas.

Los sueños y secretos de unos jóvenes que podríamos ser cualquiera de nosotros se van sucediendo en una misma localización hasta desembocar en un número final en el que se unen en una sola identidad colectiva que culmina con una gran ovación de un público que entiende y empatiza con la pasión de sus protagonistas. Sin duda, estamos ante el milagro escénico de la temporada.

David Molina

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